Misma moneda
CON GANAS de conocer el resultado electoral en Venezuela que a las 22h de ayer no arrojaba datos fiables, paso palabra a nuestra Carta Magna que pronto se abrirá como una lata de sardinas en aceite. La Constitución del 78 no tendrá el consenso de entonces, cuando sea actualizada. Pocos Españoles la han leído a pesar de lo trivial y simple de su contenido. Parece escrita por niños y para niños. Quizás por eso ha estado dormida en el cajón del Congreso de los Diputados tantos años, sin que nacionalistas y falsos patriotas se acordaran de ella. Pero tocan diana y todo apunta a que se le arrancarán los lomos y su esbelta figura se engorde con sentencias y rendiciones. Quizás sea el momento de poner letra al himno español con ritmo de granaderos. Las autonomías fueron la válvula de escape a una Nación reconstruida y con heridas frescas por la guerra entre hermanos. Dividir el territorio en trozos auto gestionables ha dejado que los últimos 35 años fuesen de relativa paz general, conscientes de que el País Vasco y Cataluña, antes o después, reventasen. Un país de trozos bien avenidos donde cada uno de ellos pone un poco menos de lo que recibe a cambio. Quizás aquí esté el fondo de la razón por la que catalanes se van y no, con las manos vacías. Ponen más de lo que reciben, sí o no. Si bien, la balanza nunca ha de ser equilibrada en términos estrictamente económicos. El símbolo de conquista por aspirantes al poder de aquí a pocos días, es la vieja Constitución. Corregir de lo territorial y de los conceptos biunívocos de unidad y soberanía. Corregir de los preceptos que entran por los cinco sentidos y aturden el alma, como la religión y la enseñanza. Corregir de los derechos que por desgracia, cada vez pesan más que las obligaciones. Derechos y obligaciones cuando son los segundos, más importantes que los primeros y no, al revés. Cuestiones de imagen institucional como la sucesión dinástica de una Monarquía que ya no es de sangre azul y que bien pudiera regularse por el código civil, sin más. Las aves de paso que han marchado al norte de África eludiendo nuestro crudo invierno, saben que a su vuelta, los tejados sobre los que aniden cubrirán los ecos de los debates enfrascados. El 2016 será el año de las luces en el que ideólogos y chiquilicuatres arranquen las hojas constitucionales y las corrijan. Pero no habrá consenso y sí, sumisión y resignación. Veremos si el grado de madurez alcanzado por los español@s soporta las tensiones del nuevo reparto donde habrá territorios más castizos que otros. ojalá sirva para todos, el mismo ejército y la misma moneda.