Una sonrisa en el horizonte
MAYO marcó el camino de un nuevo tiempo. Y diciembre llega con mal escondidas ínfulas de dar un golpe definitivo por más que los viejos aparatos del bipartidismo que nació de la Transición se esfuercen en mantener un status quo que se tambalea.
Echan mano de los tentáculos de un poder que ostentan desde hace décadas para tratar de controlar el ritmo de la campaña electoral. Para ello no dudan en servirse de los medios ‘amigos’ en busca de un asidero que les permita mantenerse a flote. Todo vale. Y no quedan tampoco al margen de las garras de quienes defienden sus prebendas las empresas encargadas de la realización de las encuestas, un elemento que lejos de su carácter meramente ilustrativo de las diferentes corrientes de opinión, se han convertido en una herramienta que los contendientes estrujan para orientar el sentido del voto de los ciudadanos.
Quizás no sean conscientes, desde su privilegiada atalaya al margen del mundanal ruido, del nivel de indignación que existe en la vida real, más allá de los salarios indecentes, los coches oficiales, las dietas y los sobresueldos. Y la bofetada que espera a más de uno lleva camino de convertirse en memorable.
Los votantes de las grandes ciudades marcarán una vez más la pauta de un cambio que se antoja imparable. Falta por saber si su tirón será suficiente para que los aspirantes puedan derrocar el actual sistema podrido que les ha permitido obrar a su antojo al amparo de una Constitución que han prostituido con fruición durante años.
Es el momento de realizar una profunda reflexión antes de ejercer el derecho al voto. No se puede acudir a las urnas con una pinza en la nariz para evitar el nauseabundo olor de un hipotético respaldo a quienes han instaurado la corrupción en la vida política. No se pueden olvidar los desmanes cometidos para conseguir la necesaria reinvención de la democracia. Hay que estudiar con detenimiento las propuestas de cada uno contrincantes (y del grado de cumplimiento de anteriores citas electorales, donde el programa electoral ha sido violado una y mil veces). Y actuar en consecuencia. Una sonrisa se atisba en el horizonte.