Creado:

Actualizado:

El idilio del Mirandés con la Copa del Rey continúa. En la capital da envidia, aunque muchos prefieren mirar para otro lado. El proyecto rojillo sigue quemando etapas. Está asentado en la Segunda División, categoría en la que lucha por meterse en la zona de play off, mientras que en la Copa es ya la sensación y la sorpresa agradable. La escuadra de Terrazas no solo está sorprendiendo porque gana, si no por cómo gana. El discurso del entrenador bilbaíno, para muchos plagado de fanfarronadas y objetivos utópicos, ha calado en una plantilla con pocos nombres, pero con muchos futbolistas. El conjunto ferroviario sabe a lo que juega y cada uno de los jugadores tiene muy claro su función sobre el terreno de juego. Si en la campaña 11/12 Pablo Infante sobresalió por encima de todo el equipo, en esta ocasión el triunfo es del colectivo.

Terrazas ha creado en Miranda un colectivo a su gusto. Está en su salsa. Cuenta con el apoyo del máximo responsable del Consejo de Administración y tiene plenos poderes para hacer y deshacer en el ámbito deportivo. Algo similar a lo que ocurrió en Burgos con José María Quintano. Las proezas coperas han fijado el foco sobre el vizcaíno, que pese a todo no cuenta con el apoyo unánime de la grada.

El Mirandés funciona en lo deportivo y arroja importantes beneficios en el apartado económico. Demuestra que la ambición no tiene nada que ver con el despilfarro, algo que cuesta entender en otros clubes cercanos. La entidad rojilla ha sabido aprovechar su momento para hacerse un hueco entre la elite del fútbol nacional. Aunque los frutos de ahora son la recompensa a lo sembrado con anterioridad, incluso cuando por Anduva solo pasaban equipos de Tercera.

Mientras el Burgos CF no pasa del empate ante el Somozas, equipo de A Coruña, el Mirandés golea en Riazor. Lo que en la capital parece una quimera, 80 kilómetros más al norte es una realidad. Lo anterior merece, cuando menos, una reflexión para que cada uno saque sus propias conclusiones.