Creado:

Actualizado:

LO MISMO que cuesta separar la paja del grano, incordia pensar en clave de cultura cuando las máscaras dejan salir nuestro yo, reprimido. Son días de carnaval y no podemos juzgar lo que pasa con la sensatez de a diario. La gente de bien cuando se disfraza, baila alrededor de esa hoguera tribal que calienta pero no quema. Se toma la calle y el mundo por montera. La cara tapada es la puerta del alma y ni la guardia civil puede meter mano a la Venecia enamorada. Llegan los gitanos con sus carretas y la cabra, cíngaros y enanos, vende peines, fuleros, charlatanes de feria y maricones de playa. Los Goya de este año vienen cargados de hambre y dientes largos porque barruntan que la nueva izquierda les dará de comer y tendrán para guiones, celuloide y platós renovados. El cine es el sueño en blanco y negro que pintamos de color y revivimos al despertar de una mala noche de borrachera. Ninguno faltó a la gala del famélico séptimo arte español que como el domingo, es para descansar. Para nada de acuerdo con la clasificación por la que ante él, están la arquitectura, la escultura, la pintura, la música, la danza y la poesía y literatura. El cine es la primera de las artes porque en él, entran todas las demás como en el dormir de un niño. Pablo Iglesias juega su papel principal mientras deja a la altura del barro a los demás. Es un estratega sin ideología ni escrúpulos que memoriza un guión revolucionario. El smoking que le sentaba como un tiro no salió de la sastrería de Cornejo en Calle Rufino González. Palacio del disfraz, que todo mamífero bípedo racional ha de visitar al menos una vez en la vida por tiempos previos al Don que preceda la Cuaresma. Hay quien dice que se lo prestó algún amigo camarero de catering. Ya quisieran para sí, tanto el Partido Popular y el Socialista, un líder con la capacidad de arrastre como este que lleva coleta. Ha demostrado a toda España que es capaz de ganar en imaginación y picardía a los sosos. Puso cachondos a los artistas que tienen pegadas las tripas por culpa del IVA, que al parecer es el mal de la cultura y que ahora, con éste predicador, desaparecerá para que se compren, palomitas. Pero que nadie olvide que también hay ese impuesto maldito en las otras artes que necesitan arquitectos y ladrillos, mármol de carrara, oleo y brochas, cuerdas de violín, zapatillas de bailarina, musas y contraportadas. Pablo es más listo que Pedro. Actor principal. El otro, de reparto. Juró que nunca vestiría de etiqueta y mantiene su promesa. Que nadie se engañe. No vestía, interpretaba.