Y así, con todo
NO ME ACOSTUMBRO. Por muchos años que lleve en esta profesión, que empiezan a ser un puñado, no me acostumbro a los enroques partidistas que suelen mandar en las grandes polémicas que salpican la calma chicha de esta ciudad. La sempiterna controversia sobre el modelo de concesión de obra y gestión de algunos servicios del cada vez menos nuevo hospital es un claro ejemplo.
La reciente visita de los integrantes de la comisión de investigación a la mastodóntica infraestructura sanitaria me recordaba esta triste realidad en la que cada cual arrima el ascua a su sardina para cargar su postura de razones, las mismas antes y después de varias horas de reuniones y paseos por distintos servicios. ¿Para qué? Para repetir las valoraciones que se ofrecían a las puertas del centro al comienzo de tan singular jornada.
Así, los que solo ven datos positivos de actividad asistencial los subrayaban en rojo con tono de ‘si ya lo decía yo’ y quienes optan por sostener la lupa en los defectos materiales y las quejas del personal incidían en tales realidades para mantener en alto la bandera del rescate. Ambos bandos, porque eso son a la postre, rebajaban los argumentos del ‘otro’ con la misma energía. «Las cifras positivas se consiguen gracias al esfuerzo de los profesionales», recordaban unos. «Las incidencias no se pueden achacar al modelo escogido, que es el objeto de debate», aseguraba la contraparte.
Nadie desmiente al contrario porque en este maremágnum todos pintan el cuadro eligiendo muy bien los colores de tal forma que lo dicho sea cierto, aunque obvie detalles. Los indicadores son buenos y mejoran los del viejo Yagüe a punto de desaparecer, los problemas existen y el modelo escogido influye -para bien y para mal, según en qué queramos detenernos- en la actividad asistencial. ¿Hubo sobrecoste? Lo hubo, se vista como se vista. ¿Se amplió el proyecto de obra y equipamiento inicial? Se amplió.
¿Y bien? La clave de un debate es estar abierto a descubrir gracias al otro aquello que ignoramos, desde una realidad hasta una postura que poder reconocer como opuesta, sin más, por motivos definidos. El generado en torno al hospital burgalés, sin embargo, se parece demasiado a un diálogo de besugos en el que nadie quiere escuchar porque un paso atrás puede conllevar una caída de dramáticas consecuencias en ese abismo que parece el panorama político. Al parecer eso es lo único que importa. Y así, con todo.