Creado:

Actualizado:

Con casi veinte años de herencia cultural, el IMC va a ser enterrado sin ceremonia de despedida. Así lo anuncia el Sr. Alcalde tras meses de tortuoso castigo a su presidente, el concejal Gómez que sale por la puerta trasera. Los burgaleses nos preguntamos si realmente fue necesario tanto desgaste para llegar a una determinación así o pudo haberse reconducido. Cuando la mordaza se echó encima, el reconocimiento del error simbólico a tiempo y el arrepentimiento sincero y llamo, hubiera disuelto el obús en la línea de flotación de otro concejal más que tiñe de negro nuestro ayuntamiento. Fue a más y en esto, pocas bromas y pocos pulsos cuando todos tenemos mucho que perder. El Instituto Municipal de Cultura nos acompaña desde hace legislaturas en las que sus presidencias han sido encaradas por distintas ideologías y tendencias. Organismo de gestión autónoma que funciona bien con independencia de qué partido político esté gobernando. Para esto se creó y así ha funcionado tantos años. Son sus profesionales quienes administran los fondos públicos y los que han de nadar entre aguas mansas y remolinos como el último. Dice el refrán aquello, muerto el perro se acabó la rabia y puede que en ocasiones esta solución sea la buena. No es el caso que nos ocupa ni hay perro ni rabia. La cultura burgalesa ni ladra ni muerde sino más bien, tiene hambre de seguir las líneas maestras por las que otras ciudades compiten y se ponen en primera línea de fuego. Gestionar algo tan complejo exige confianza en los profesionales responsables que programan, reparten y organizan la vida cultural burgalesa que si de algo peca, es de estar capada por prejuicios e inhibiciones. Burgos necesita una fuerte renovación cultural que venda nuestros valores actuales sin olvidar el pasado que tanto pesa. Una apuesta que difícilmente sale adelante cuando los presupuestos pesan como una losa y lo peor, la política anida en su casa. Bibliotecas, museos, fiestas mayores y menores son una parte del grueso de este firmamento que hoy se apaga ante la decisión que además de innecesaria es, difícilmente vendible a los que no entendemos demasiado de estas historias. Es el nombre y apellido de quien ha tenido al grupo popular bajo un desgaste insoportable, para nada, la dirección y apellidos del IMC que como instrumento municipal, tiene largo recorrido y ha de seguir caminando paralelo a nuestra hambrienta cultura. Por supuesto que con las correcciones y retoque oportunos, la ocasión la pintan calva. Estas líneas escritas van en la dirección de preguntar a quien proceda, el por qué de esta decisión que aparenta ya, estar tomada.