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LA N-I ES una trampa mortal para los conductores que circulan por ella. La realidad se impone a los discursos políticos que se pasan la pelota de tejado en tejado y nadie quiere encontrar la solución a una vía que se cobra víctimas día sí y otro también. El argumento para que no se desdoble es la inminente liberalización de la AP-1, pero el año 2018 en estos momentos se antoja demasiado lejos mientras que los ciudadanos que ‘osan’ a adentrarse en esta carretera del infierno se enfrentan a un riesgo difícilmente controlable porque no depende sólo de cómo uno circule.

Esta semana ha sido especialmente dura y la N-I parece haberse contagiado de la sin razón que recorre Europa. No me malinterpreten, ni mucho menos quiero equiparar el horror de un atentado al también horror de un accidente de tráfico. Son distintos pero con idénticos resultados: el fallecimiento de seres humanos, en trágicas circunstancias.

Esta maldita vía se ha cobrado sólo en la última semana cinco víctimas mortales. Dos de ellas perdían la vida el martes en un choque entre dos turismos y un camión. Al día siguiente, fallecía un camionero al chocar contra un tractor en Pancorbo. Ayer, nuevamente la N-I se cobraba a primera hora de la mañana dos nuevas víctimas. A ello hay que sumar un fallecido más en otra de las carreteras igual de negra que la I y también nacional, la 269, tras chocar frontalmente dos turismos. Y uno más, un joven que perdía la vida al precipitarse su vehículo en una balsa de regadío en Villalba de Duero. Y lamentablemente, una víctima más en la A-62, que también perdía la vida ayer a medio día. Todo ello sin contar los heridos que estos trágicos sucesos pasan también a engrosar las fatídicas estadísticas.

Semana negra, muy negra, en las carreteras de la provincia. En estos momentos, y mucho menos los familiares y amigos de estas personas, puede uno creerse que la provincia y el país tienen una red de carreteras «envidiable» y que se siguen cada día mejorando en pro de la seguridad vial. Por mucho que digan nuestros políticos, nuestras carreteras, sin ser tercermundistas, algunos de sus tramos lo parecen. A decir verdad, otras no, como es el caso de la A-62, aunque también con puntos negros en su trazado.

La solución está, evidentemente, en manos de todos. Mientras que los conductores deben extremar la precaución, cumplir con las normas circulatorias y vigilar el perfecto estado de sus vehículos -y no sólo por evitar las sanciones-, el Gobierno debe tomar las riendas de inmediato para dar solución al estado de estas siniestras vías. La N-I debe desdoblarse sí o sí, con independencia de que la autopista se liberalice en 2018. Las infraestructuras viarias de esta provincia necesitan con urgencia soluciones en sus puntos negros. Ganaríamos en seguridad y quizá, sólo quizá, evitaríamos semanas negras como la que hoy acaba.