Te cuento
ESTOY SEGURA que no te lo hubieras querido perder y por eso te lo cuento. Por primera vez en la historia de esta Democracia, en esta era de libertades por la que vuestra generación tanto luchó para conseguirlas, hemos tenido que pasar por las urnas en dos ocasiones y a fecha de hoy no se sabe muy bien si se hará bueno aquél dicho de ‘no hay dos sin tres’ para que haya un gobierno. Y el resultado lo dejo a tu imaginación.
Nada te pierdes, sin embargo, que tus retinas tengan que fijar una escalada terrorista, esta vez internacional, que como ocurría en España no hace tanto, no podíamos entender. Como tampoco te pierdes la persistente crisis que se empeña en no dejarnos, cuando yo hubiera preferido que fuera ella quien se alejara. Cuentan que ya repuntamos, pero la hucha de las pensiones de la que deberías estar cobrando está tocando fondo y apenas si cubre ya las rodillas.
Te gustaría saber que hoy podríamos estar a las puertas de necesitar de nuevo el pasaporte para viajar a Londres, aquella ciudad en la que yo me convertí durante un fin de semana en ‘Yomía’ porque tu compañero ya llevaba la segunda parte de mi nombre.
E incluso también te encantará conocer que el invierno de Burgos ha sido casi tan templado como el de Madrid y que también aquí ya llegan las olas de calor estivales y hasta los tirantes han ocupado el lugar de las chaquetas. Será cosa del cambio climático. El ambiente ahora es gélido pero sólo porque a los que vivimos aquí se nos viene encima una deuda multimillonaria que tendremos que pagar con nuestros impuestos. Eso sí, la ciudad tiene un bulevar, aeropuerto sin vuelos y, en breve, AVE, todo ello, por pagar.
Pero nada de lo anterior es comparable con lo que te cuento ahora. Tienes en casa a dos flamantes ingenieros de los que seguro estarás orgulloso como todos los demás nos sentimos de ellos. Que el resto de tus nietos sellan sus expedientes académicos con honor después del esfuerzo del invierno y van subiendo peldaños demostrando en cada tramo la responsabilidad que nos impregnasteis y fuimos impregnando. Que los más peques de la casa están para comérselos y siguen la senda de los mayores. Que la bisa sigue tomándose su ‘clarita’ con sus hijas pero ya no viene acompañada de tu caña. Te cuento que tu alma gemela sigue dándonos el amor de los dos y con esa fuerza titánica que la caracteriza continúa tirando del carro como siempre lo ha hecho, con el esfuerzo de también tirar por tí. Te cuento que el lunes será gris y plomizo, como lo fue mayo y diciembre y enero y anteayer... Te cuento que guardo una botella de cava en el frigorífico y que cuando mañana finalice la jornada llegará el momento de descorcharla y brindar por tí, por los ‘santiagos’. Te lo cuento, pero ya lo sabes. Sobran las palabras.