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LUNES cinco de septiembre y estreno del curso con las tareas pendientes que dejamos antes de vacaciones. Así arranca la última cuarta parte del año para quienes pudimos robar tiempo al tiempo y cargar pilas con un cambio de aires. Los periódicos de los últimos quince días que me guarda Saúl del Blue Gallery, amontonados en mi mesa de trabajo cerca del Mac y los post-it amarillos. No hace mucho, brindábamos con cava y contábamos las doce uvas a fin de año y ni por el forro podíamos imaginar que se repetiría la misma historia. Sabemos que España es de izquierdas y juega a contrapelo desde hace ochenta años, cuando un golpe de timón cambió su rumbo. Por más que se habla de bipartidismo, nadie explica las reglas que maniobran en cada uno de los bandos y tan radicalmente, separan la forma de ser y pensar. Quizás sea que no es tal y hay entre todos los españoles, una banda de común acuerdo que nos une, más que nos separa. Esta circunstancia generalizada y habitual en la calle, sabemos que escasea en los escaños de diputados y parlamentarios. Clase política. Ellos buscan las diferencias, cada vez más escasas entre programas políticos y en ellas apoyan su sentido de representación. Sin embargo, nosotros buscamos las coincidencias cada vez mayores entre bloques ideológicos. Ambos movimientos, lejos de ser convergentes, abren una profunda trinchera entre ciudadanos y representantes electos. Cómo explicarles que están cada vez más, lejos de nuestro respeto y credibilidad. Salvo honrosas excepciones que hablan claro y se saltan gracias a su valentía, la disciplina de partido y empiezan a contar la verdad al Rey desnudo. Al poco del recuento en el circo de los diputados con el 170/180, al ex ministro Soria se le tele trasporta por la puerta giratoria al más allá de los mortales. Será que Rajoy tampoco sabe nada de esto. En todo caso, el aguijonazo ha escocido y probablemente sirva para que diputados, alcaldes y concejales populares, nos digan lo que piensan de esto. El tiempo se acaba y la paciencia, también. El clima no anima a entendimientos en ciudades menores como la nuestra, donde los pactos y presupuestos penden de un fino hilo de seda. Caprichoso como caprichosos son los argumentos ideológicos y oportunismos en aritmética de las mayorías. Burgos es un laboratorio donde la alquimia también bulle con PP, PSOE, Ciudadanos e Imagina. Esperemos que nuestros concejales tengan sentido común y tomen buena nota de lo que no hay que ser, estar o parecer.