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EL OTOÑO ya ha iniciado su acomodo meteorológico y en el calendario. El pasado jueves llegaba el equinocio que anunciaba el cambio de estación. Aún muchos se resisten a admitirlo por aquello de que todavía la manga corta, a ratos, sigue siendo la prenda para pasar el día. Pero no podemos obviar que la rutina se ha instalado casi desde los primeros días del mes. Primero llegó la vuelta al cole de los más pequeños con la eterna polémica del peso de las mochilas, las aulas 2.0 y los deberes. Después el arranque del curso político con los partidos tomando posiciones de cara al nuevo ejercicio, los cruces de declaraciones para diseñar los nuevos presupuestos. Finalmente, se incorporaron los alumnos de ESO y Bachillerato con la incertidumbre sobre la reválida, con libros que no están a punto porque no se sabe con certeza qué contenidos habrá que dar en función de esa prueba final que nace condenada por toda la comunidad educativa y por la falta de un Gobierno que pueda dar carpetazo -o no- a una reforma educativa que nunca debió aprobarse. Y padres y alumnos -entre los que me incluyo- sufrimos las consecuencias de esa incertidumbre.

Y el otoño llegó también con un paro que crece, con la denuncia de los sindicatos, en concreto de CCOO, porque los datos revelan sin lugar a dudas que la crisis sigue estando asentada en la sociedad. Los parados en Burgos, aunque menos que hace un año, sufren aún con rigor esa economía maltrecha y sólo el 57% de ellos cobra alguna prestación. El otoño nos trae también que la precariedad laboral se refleja en las prestaciones por desempleo. Contratos precarios y sueldos más bajos es una ecuación que por fuerza tiene que dar como resultado una menor cotización y, por ende, menos ayuda económica cuando uno tiene la desgracia de formar parte de esa lista de desempleo.

Un septiembre que marca el inicio de un nuevo ciclo, de un nuevo ‘curso’ en todos los ámbitos de la vida y de la sociedad, pero que tan sólo es un suma y sigue.

Ahora nos hemos acostumbrado a escuchar que si hubiera un gobierno nacional estable, el país no estaría paralizado, se verían avances económicos, no nos enfrentaríamos a una posible sanción europea... Y en este otoño tendremos que prepararnos para unas terceras elecciones en invierno por ver si son capaces nuestros políticos de esta vez ponerse de acuerdo como ya en dos ocasiones les han mandado los ciudadanos.

Pero no os engañemos. El otoño ya está aquí y todo en la ciudad discurre como si no hubiera habido verano. Este sólo ha sido un alto en el camino y Burgos sigue sin AVE, sin vuelos en el aeropuerto, con una deuda del desvío sin saber cómo afrontar, sin...

Llegó septiembre, aunque podría ser marzo o junio, porque todo sigue igual.