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FELICITAR desde aquí a José Luis, nuevo presidente del Burgos Club de Fútbol, elegido por mayoría amplia en la votación de casi 1.500 socios. Candidatura que tiene pinta de ser la que por fin y poco a poco, nos haga recordar viejos tiempos. Enhorabuena también al resto del equipo que avala su seriedad. Poco hace falta decir de gente como Julián Alonso, Rodrigo Santidrián, Miguel Ángel Benavente, Nacho San Millán. Ojalá se sumen otros. Por supuesto, Barriocanal que sale con la cabeza alta y manos limpias. Nuestro equipo de futbol ha entrado y salido a la luz por los ojos del Guadiana desde que en 1.922 empezó a pelotear en el campo Lilaila y saltando la contienda nacional con el nombre de Gimnástica Burgalesa, entró en el 43 en tercera división. Que es por donde se empieza cuando te dejan competir en igualdad y los delanteros se parten las piernas y curan sus rodillas con aguarrás. La emoción y sensación de Ciudad hicieron construir el Campo del Zatorre y cambiar el nombre a Gimnástica de Burgos. Como un meteoro nos pusimos cabeza de División en el 46 con jugadores, algunos cedidos que llegaron a la selección española. Nombres y apellidos nuevos para el recién llamado, Burgos Club de Fútbol que sigue hasta ahora. Subimos a Segunda en el 52 y lo mismo que subimos, bajamos el mismo año, por falta de pulmón. De la familia, Preciado, el presidente José Luis, y al tiempo que yo chupaba de la teta de mi madre en el 61, ascendimos a segunda para cortar el bacalao de esta categoría durante diez años. La afición pidió un «nuevo pabellón» y por eso está al lado del río, el Estadio Municipal de El Plantío. Campeones de división en el 70 por empate con el Logroñés subimos a la 1ª división y aguantamos dos años, pero al siguiente bajamos a segunda por culpa de las nieblas del Arlanzón a pesar de meterle 5 goles a Iribar. Con Martínez Laredo suenan nombres burgaleses como Manzanedo bajo los palos. Franco moría en el 75 y de nuevo entrabamos en primera división para vernos las caras con el Real Madrid, el Barça, los atléticos. A mí por eses fechas me empezaban a gustar las chicas y me afeitaba a escondidas. Fue cuando pude ver con mi padre, jugar a Juanito desde tribuna y entre un mar de humo de farias. Entonces los hombres de Burgos vestían gabardina larga y llamaban de todo al árbitro vestido como siempre ha sido y debió haber sido. De negro. Se veía venir el declive con el relevo de Quintano. El dinero nos hundió estando de nuevo en segunda y en el 82 desaparecimos. Hasta aquí la historia pasada y desde entonces y hasta ahora, relevos e ilusiones truncadas de una ciudad que se merece estar entre las mejores, también en el deporte. Suerte, Sr. García.