FERNANDO PÉREZ DEL RÍO

La erótica de la enseñanza

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Hay pocos autores que entiendan la subjetividad y al mismo tiempo lo social y este es el caso de Massimo Recalcati, ensayista italiano que ha publicado un nuevo libro que esta vez trata sobre la educación: La hora de la clase. Por una erótica de la enseñanza.

Ensayo más que recomendable que nos deja muchas perlas: estamos en la ‘escuela de las tres íes’, en italiano: impresa (empresa), informatica, inglese. Sostiene que hacemos una educación orientada a la competitividad, a la producción y esquiva con la filosofía y las artes.

No es de extrañar que el pedagogo granadino Eduardo Luque Guerrero dijera que nos quieren más tontos, en relación al auge de la escuela según las pautas de la economía neoliberal. Una sociedad del conocimiento… sin conocimiento. El ‘saber hacer’ ha de sustituir al ‘saber’, Jacques Delors.

Tengo que reconocer que siempre me ha gustado leer a Recalcati; el profesor italiano nos recuerda que somos lo que pensamos, somos lo que recordamos, somos lo que comemos. Y, sobre todo, somos potencias del deseo, y nos invita a educar con pasión.

Desde hace tiempo asistimos al desarrollo de un nuevo modelo basado en tres principios: la competitividad, la eficacia y la rentabilidad económica. Ciertamente hemos hablado del padre sobreprotector, del padre helicóptero, del padre personal trainer, pero no hemos hablado del profesor amigo y colega, que se muere por salir en la orla, evitador de problemas consecuencia de haberse diluido su autoridad y temeroso de la mirada, en ocasiones agresiva, de los padres.

El sociólogo Bourdieu decía que, actualmente, el «Estado no es un aparato orientado hacia el bien común, es un aparato de contención, de mantenimiento del orden público pero en provecho de los dominantes».

Recalcati, en una reciente entrevista para el diario El Mundo (04/01/2017) declaraba: La cultura es la única vacuna que puede salvar la vida de nuestros hijos frente al riesgo de la disipación y la violencia. Lo decía Pasolini al inicio de los setenta: es el vacío de cultura el que genera el deseo de la muerte. La droga, el alcohol, la violencia, la dependencia de internet, el aislamiento, la anorexia... son manifestaciones de este vacío. Esta debería ser la primera función preventiva de la escuela: donde hay cultura hay deseo de vida y no de muerte.