Contra la autoestima
DE FORMA SINTÉTICA podemos recordar que la autoestima se puso de moda hace un par de décadas, impulsada por un ejército de personas expertas en motivación y aderezada con cientos de libros de autoayuda, pareciera como que un sin fin de problemas y trastornos tenían su raíz en la baja autoestima; y el objetivo principal era quererse a uno mismo a cualquier precio. Sin duda, esa idea de aumentar la autoestima es coherente con nuestro modelo de sociedad individualista y capitalista.
Pero haciendo un ejercicio de transparencia, debo mencionar al investigador Emler (2005), quien nos recuerda que prácticamente no hay relación entre baja autoestima y problemas sociales o psicológicos, y no es un factor de riego de consumo de drogas o alcohol. Emler llega a la conclusión de que incluso la baja autoestima puede tener características motivacionales beneficiosas para el sujeto, mientras que la alta autoestima puede llevar a comportamientos de autosatisfacción, arrogantes y vanidosos, en lugar de proporcionar beneficios específicos.
Nos vienen a la cabeza las personas soberbias y vengativas sobradas de autoestima.
Según el profesor de psicología británico Pickett, las investigaciones han evidenciado que, con bastante frecuencia, encontramos a un grupo de personas que obtienen buenos resultados en los mediadores de autoestima, es decir tienen esa anhelada alta autoestima y se quieren mucho a sí mismos, son individuos que muestran tendencia a la violencia y al racismo, insensibles a las necesidades de los demás y con malas relaciones personales. […] Por si fuera poco, las personas con una autoestima alta muestran una preocupación excesiva por sí mismas, por el éxito personal, por su imagen y su apariencia ante los demás.
En fin, todo un jarro de agua fría para el omnipresente concepto de autoestima y sus fieles seguidores.
Cada día son más los investigadores que subrayan que tener alta autoestima es un peligro para ellos mismos y para la gente que les rodea.
En consecuencia, nos podemos preguntar si conviene forzar artificialmente ese refuerzo cuando no es acorde con las capacidades y recursos reales de la persona. Personalmente, en consulta, prefiero trabajar la autoeficacia antes que la autoestima.
Y por cierto, como psicoterapeuta e investigador, tengo que recordar que los programas de aumento de la autoestima apenas han sido evaluados y su eficacia es más bien pequeña.