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NACIÓ hace 24 años en 23 de abril y su nombre no pudo ser otro. La campa y el monolito sirven de altavoz a quien aprovechan la ocasión, entre charanga y discursos precocinados. Fiesta popular, cada año más descolorida y sosa, que no arranca nuestra vena castellana. La Comunidad Autónoma se merece algo más y mayor que esto, pero por algo será que no cuaja ni hace que se llenen de coches, las cunetas. Quizás no tenemos el ideal Castellano suficientemente clavado en la piel. Y no es otro cosa que eso. Catalanes, Andaluces y Vascos las preparan gordas en sus días mayores de honra nacionalista. Nosotros los castellanoleoneses no somos eso, la palabra regionalismo nos suena mal y no presumimos de ello. Aquí somos españoles y burgaleses, pero lo que pasa en las Cortes de Valladolid suena casi tan lejano como en el Parlamento Europeo. Más que nunca necesitamos resucitar el espíritu de nuestra región y sin perder la esencia de piel de toro, defender por encima de la mecánica de partidos grandes, nuestra Comunidad. Llega el momento de mirar más por nosotros que por España, aunque suene raro, ya que no es incompatible. Dice Oliva como buena Leonesa, abuela de mis cuatro hijos, corderín que no llora, no mama. Que se lo digan sobre todo a catalanes y vascos ya citados. Nuestra horizonte de trigo y campos de tierra ocre nos hacen mirar al surco para cultivarlo, nos aparta de la mirada vertical al cielo donde se esconden secretos de futuro. Somos y hemos sido piezas del puzle español donde intereses generales han pesado más que los particulares a la hora del reparto. Pero va llegando esa hora en la que aparezca la fuerza que realmente dibuje un Castilla y León prioritario en el circo español. Nunca seremos más de lo que somos mientras nuestros representantes rindan cuentas y pleitesía al organigrama de partido. Comunidad mansa que nadie pintó mejor que Jarcha, con gente que sufre y calla entre rencores de viejas deudas. Gente muy obediente, hasta en la cama y que tan solo pide vivir su vida en paz. Tuvimos un partido, Tierra Comunera, que se ahogó en su propio sudor, que nació prematuro, mucho antes de lo necesario. Es ahora cuando necesitamos un nuevo partido, Regionalista Castellano, que recorte con bisturí su contorno y plante cara a la España desvencijada. Que se suba a sus barbas canas, como las de Rajoy el atormentado. Eso es lo que ahora nos hace falta. Quedan dos años para renovar concejales y alcaldes. Plantemos la raíz en cada ciudad y pueblo. He metido este mensaje en una botella y al mar lo tirara hoy, mi hija Lara.