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La temporada toca a su fin cargada de emociones. En un cajón del recuerdo quedaron los días de vino y rosas en los que el Burgos CF pugnaba por hacerse un hueco, un curso sí y otro también, en la elite del fútbol nacional.

La mediocridad que instaló la anterior junta directiva en la vida cotidiana del club de la ribera del Arlanzón se ha traducido en mil y un sinsabores deportivos. Su huella es todavía muy profunda. Pero no ha hecho mella en la ilusión de una hinchada que contra viento y marea cabalga haciendo frente a las adversidades para volver a encender la llama de una pasión teñida de blanco y negro.

Los irreductibles de El Plantío han salido victoriosos de su batalla contra el gélido clima de la estepa castellana. Se han sobrepuesto al tedio de temporadas que más bien invitaban a tirar la toalla que a congregrarse cada 15 días en una ceremonia de sufrimiento. Han asistido impasibles, sin un mal gesto, a bochornos y despropósitos en el césped y en los despachos.

Sin hacer demasiado ruido. Apenas con un ademán de contrariedad. La reciedumbre castellana campa a sus anchas en las gradas del vetusto municipal burgalés, el mismo que el equipo de Gobierno pretende ventilar con un simple lavado de cara que no ocultará sus vergüenzas por más brillo que pretenda dar a su envoltorio.

Bendita afición, que ha sufrido con estoicismo ejemplar los golpes de un destino que parece haberle dado la espalda. Hace mucho tiempo que no se lleva una alegría a la boca. Pero sigue fiel al pie del cañón. Y por más que por momentos se deje llevar por la rabia y la desesperación, no va a dejar solo a ‘su’ equipo en un trance como el que tiene por delante: una promoción de descenso que podría arruinar, en el peor de los casos, un ambicioso sueño deportivo que apenas acaba de nacer.

Y allí estará hoy para convertir un mal trago en toda una celebración. Ni siquiera los últimos ascensos (de Tercera a Segunda B) han concitado tanta expectación como el choque de hoy. Sí, gratis. Es verdad. Pero aún así. No recuerdo El Plantío lleno -en un partido del Burgos CF- desde aquel 17 de junio de 2001 en el que un gol de Pendín abrió las puertas del Paraíso. Hoy no es día para festejar, pero sí para salvar al club de las fauces del ostracismo. Y la afición se volcará de forma masiva para llenar el estadio. Están locos estos blanquinegros.