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HABLAMOS mucho de la muerte anunciada de esos mil pueblos de nuestra provincia burgalesa y de la necesidad obligada de regeneración y fijación de población. A media hora de camino desde Pucela, el torreón de su iglesia está a media ladera que mira al oeste, y casi gana al cerro. Como todas, es lo mejor que ha quedado y quedará en otros cinco siglos. Lo que ahora construimos los arquitectos se desgasta de año en año. Lo que entonces hacían, maestros canteros, envejece sólo de cien en cien. Está claro que como la piedra no hay, cimentar, levantar muros y entrelazar arcos formeros. El Arlanzón está fresco y ancho cuando lo cruza. Ayer por la mañana pude volar por encima de las cubiertas y tierras labradas con mi dron DJI Phantom 3 advanced. Los pájaros se asustaron. Un escáner de altura deja ver cuando un pueblo está vivo por el recuento de los tejados hundidos. A las 13h sonó el campanario. Desde este balcón de cuatro micro motores eléctricos se veía Palazuelos y Barrio de Muñó, Villanueva de las Carretas, Villaquirán de los Infantes, y los Balbases de mi amigo Carlos, el músico. Pero fue cuando dormían, que Alfonso X el Sabio, mandó robar la historia de este pueblo que nació en el II a.c. Desde entonces les llaman, los dormidos. De donde ahora está Suecia, vinieron los Godos a cruzar su sangre con hijas de pastores y campesinos, y por su culpa, algunas mujeres de este pueblo son tan bellas, rubias y con ojos claros. Que se lo cuenten a mi hermano Fernando. A media noche, desenterró los huesos del Rey Wamba y tuvo la ocurrencia de llevarlos a Toledo la cristiana. No fue tan sabio Alfonso, como nos lo pintaron en la escuela. La fuerza de un pueblo se mide cuando su alcalde manda más que el Rey y que de ello tomen nota muchos alcaldes. Aquí hay uno, que llegado de muy lejos con piel negra y manos blancas, mira más por este pueblo castellano que muchos a los que se les llena la boca de palabras en la Junta, Diputación y tabernas políticas. Una corporación en su totalidad del Partido Socialista, pelea contra Toledo la mayor para que vuelva el Rey Godo, que duerma para siempre en nuestra tierra. Ojalá tenga suerte y desde aquí, mi pequeño grano de arena. Pero que llegue entero, no troceado como un cuarto de cordero, según dice algún otro sabio del Cabildo de la Catedral de Burgos. Que el turismo pare ante las reliquias y coma gambas de toda la vida en los bares. Quizás sea buena idea pedir ayuda, ahora que salen huesos de cunetas y escoriales, a Pedro Sánchez el Renacido. Alguien escriba esa carta.