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TARDAREMOS UN TIEMPO en darnos cuenta, lo que ha pasado ayer y lo que significa. Se mire como se mire. Desde territorio catalán, desde territorio español o con el ojo de Bruselas. Más allá de estas fronteras, se ven los toros desde la barrera. Lo cierto y más importante, la mayoría de los demócratas hemos madurado en veinticinco años de envejecimiento del roble que hace buen vino. Años atrás, esto hubiese sido una guerra civil de hermanos contra hermanos como ya pasó entonces. Nuestros hijos pueden estar tranquilos en esto, será de las pocas cosas que les dejemos bien cimentadas. Una parte de Cataluña arrastra a la otra y confunde la razón con el corazón. De siempre, los alquimistas mezclaron pequeñas dosis de fórmulas magistrales para ungüentos y venenos rabiosos como los escaños de las minorías separatistas que saben de pócimas políticas para gobiernos moribundos. Así estamos catalanes y españoles, que siendo lo mismo parece que tengamos enfermedades distintas. Sabíamos que esto pasaría, pero no tan pronto. El referéndum se ha adelantado muchos meses antes de lo previsto, ante la marcha inexorable de una recuperación económica que tapa bocas de oportunistas y falsos profetas que pregonaron en la Puerta del Sol el 15M. Que nadie se engañe y piense que esto solo son historias de radicales catalanes. El trazado es de tal maestría que puede hacer caer el castillo de naipes catalán y español con sólo, menear una pieza. De todos es sabido que el rumor del volcán catalán se calmaba con los dineros nuestros desde González, pasando por Aznar y Zapatero. Jordi Pujol lo administraba gota a gota para calenturas separatistas, que sanaba. Ese estatus quo, de pacto y secreto a voces entre mi querida España y la rica Cataluña, saltó por los aires con un Artur Más que de tanto mirar al espejo su mentón, perdió los papeles. Fue entonces cuando el Parlament Catalá contagió de miedo al de Madrid que es de todos y cada uno hizo sus cuentas. Hemos tardado en ver que Cataluña prefiere ser rica, antes que solidaria, y hasta se puede entender. Pero no se arreglará esto con una Gallegada de Rajoy que desespera al más templado ante su pasividad e indolencia. Ahora, vienen dando. Sánchez quiere pasar a las enciclopedias, como el renacido que reconstruyó nuestra Constitución y serenó a catalanes. No son tiempos tampoco de llevar a la chusma a mazmorras. Que nadie se rasgue la ropa, España no se rompe. Esto se arregla con dinero, pactos secretos y bajadas de pantalones.