Poco a poco
SIN DUDA, entramos en la nueva etapa de primavera económica, después de diez años que a todos nos han acorralado. A algunos, descarrilado. Quien no lo quiera ver, está ciego o tan apaleado que le cueste respirar y sienta miedo de tomar el aire. Ese vértigo que como un estoque te atraviesa el estómago al ver que no te llega para todo aquello a lo que estabas acostumbrado y que quienes dependen de ti, se quedan en la encrucijada. De esto hay que sacar un aprendizaje que sirva a nosotros y a nuestros hijos. Se han ido al garete, empresas intocables, algunas se lo merecían por ser oportunistas. Pero muchas desaparecidas, lo eran desde que las fundaron los abuelos. No sabían de correr riesgos ni alquimia financiera. Sencillamente se las llevó la riada de barro y fracaso. Diez años que han jubilado o prejubilado a oficios que con edades entre los cincuenta y sesenta, estaban en plenitud y potencial de capacidad laboral. La crisis les ha segado. Y no brotan nuevos profesionales por generación espontánea en cunetas, como hacen las bellas amapolas. Pasará otra década hasta que se consolide el tejido laboral que, desde ya, empieza casi de cero. Hace pocos días, un empresario de la construcción se quejaba de no encontrar media docena de trabajadores con experiencia. Porque no hay escuelas de empresarios que se formen en dos años, o electricistas y fontaneros, metalistas o carpinteros. Se aprenden desde pinche a oficial de segunda y luego si puedes, montas tu empresa. Veremos pronto, cómo unos roban mano de obra a otros, no tanto por exceso de actividad empresarial, sino por escasez de recursos humanos. Pero nada se quedará sin hacer. Siempre mis amigos y conocidos me escuchan decir lo mismo, “lo que no hagamos nosotros, otros lo arán”. Siempre hay alguien que está para acertar y conseguir objetivos, incluso mejores a los que llegamos. Por eso hemos de mantener una cierta tensión de equilibrio entre miedo y optimismo. Entre frustración e ilusión. Ser conservadores sin perder oportunidades para despegar. De nuevo se nota que unos pocos tiran para adelante mientras la mayoría observa y espera resultados. Se adivina el efecto contagio en el mover los dineros. Si el vecino se atreve, tú también. En Burgos, grúas que giran y siembran otras nuevas en parcelas a su alrededor. Más préstamos, hipotecas. Bancos, Cajas nuevas. Escrituras ante notario, contratos y discotecas. Esto mejora chicos, pero poco a poco. Ojo con cantos de sirena.