El Correo de Burgos

SEMANA SANTA

El encuentro del Hijo de Dios y su Madre llenó la plaza de la Catedral de emocionado silencio

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Burgos

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M. M. / BurgosEmoción a flor de piel bajo un cielo plagado de nubes que sin embargo, no terminaron de descargar una lluvia que, de hacer acto de presencia, hubiera empañado una de las citas de la Pasión burgalesa más querida por los burgaleses. La procesión del Encuentro volvió a reunir el fervor religioso de los burgaleses de ambas orillas del Arlanzón, quienes abarrotaron la plaza de la Catedral a la espera del emocionado encuentro a los pies de la Seo burgalesa.El inicio del acto, de nuevo a partir de las 20 horas en que los pasos de Nuestra Señora de los Dolores y del Jesús con la cruz a cuestas dejaron sus respectivos ‘domicilios’, en las parroquias de San Gil y de San Cosme y San Damián respectivamente, para dirigirse a la plaza de la Catedral.Los miembros de la cofradía de San Cosme y San Damián cumplieron con la tradición que se impusieron en 2001 por la que cuarenta de sus miembros se encargaron de llevar a cuestas los más de 1.500 kilos del paso del Jesús con la cruz a cuestas.No les faltó el apoyo de los fieles ya que cientos de personas les esperaban fuera de la iglesia, donde varios cofrades colocaron el último madero de la cruz de Jesús una vez cruzado el umbral de la iglesia. Antes del primer paso, una saeta que calentó cuerpos y corazones y arrancó los primeros aplausos. De la calle Concepción hacia el puente Besson para seguir un paseo de la Isla repleto de paseantes que no dudaron en alabar la valentía de los cuarenta costaleros.Mientras desde San Gil, la cofradía de las Siete Palabras iniciaba la comitiva que una hora después llegaría a la Catedral. No les faltó compañía ya que a los cientos de burgaleses presentes a lo largo del trayecto por el centro de la ciudad se sumaron el alcalde burgalés Juan Carlos Aparicio y miembros de la corporación municipal.Atrás queda aquel 1944 en que se celebró la primera procesión del Encuentro, donde se recuerda el emotivo momento en que la Virgen encuentra a su hijo, ya en su camino hacia la muerte en la cruz que él mismo porta sobre sus espaldas como gesto de amor hacia todos los hombres y mujeres. La Madre de Dios fue la primera en llegar a la abarrotada plaza, donde miles de burgaleses se acercaron a contemplar el tradicional encuentro. Una corta espera en la calle La Paloma mientras bajo el arco de Santa María ya se oían las notas lastimeras de cornetas y tambores, anunciando la llegada del HIjo de Dios a la plaza.Silencio. Golpe de carraca y entrada de Jesucristo en el recinto, al que precedían cofrades quienes, queriendo compartir la pesada carga de Cristo, desfilaron todo el recorrido cargando a su vez pequeñas cruces a modo de penitencia en nombre de todos los cristianos. Poco después, el ansiado encuentro. Sobre la emotiva estampa, el archicofrade del Santísimo Sacramento y de Jesús con la cruz a cuestas, Ángel Cuevas, recordó a todos los presentes «cuánto nos dicen estas imágenes que sin embargo no hablan». E invitó a todos a abrir el corazón y permitir «que surjan los sentimientos ya que en el silencio es más fácil oír a Dios, y entender la Semana Santa como el acto más grande de amor de Cristo por los hombres».

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