El Correo de Burgos

CURPILLOS

La procesión no salió a la calle por primera vez desde el siglo XIII

Los actos previstos para el exterior se trasladaron al claustro de San Fernando

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Burgos

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J. MAIQUES / Burgos

La celebración del Curpillos en el día de ayer pasará a la historia de la ciudad por ser la más atípica de los últimos tiempos. Los peores pronósticos se cumplieron y la intensa lluvia que cayó ayer sobre la capital impidió que, por primera vez desde el siglo XIII, la procesión saliera del recinto del Real Monasterio de las Huelgas. Con este panorama, no quedó más remedio que cambiar el plan inicial y el claustro de San Fernando recuperó su carácter primitivo y se convirtió en el escenario por el que desfilaron las autoridades civiles, religiosas y militares.

Con una lluvia fina e intensa, y con el enérgico repique de campanas de fondo, las autoridades hicieron acto de presencia en el Monasterio minutos antes de las once de la mañana. El arzobispo de Burgos, Francisco Gil Hellín, fue la gran ausencia de ayer en la festividad del Curpillos. El compromiso de acompañar a su Santidad el Papa en la clausura en Roma del Año Sacerdotal hizo que el vicario general del Arzobispado, Pedro Sáez Vesga, ocupara su lugar y fuera el encargado de oficiar la Eucaristía.

Durante la ceremonia, Vesga se acordó en el sermón de las personas que sufren las consecuencias de la crisis y recriminó a la clase política que «los esfuerzos siempre caigan sobre los más débiles». En este sentido, el vicario invitó a que «los que tengan más bienes, los pongan al servicio de los demás. No hay excusas. Que cada uno se mire sus posibilidades», afirmó con tono crítico.

Con la amenaza de lluvia en todo momento llegó el final de la Misa y las autoridades se dirigieron al claustro de San Fernando para celebrar la procesión en un ambiente más íntimo de lo habitual. El comandante militar de Burgos y Cantabria y general jefe del Mando de Fuerzas Pesadas, Juan Carlos Domingo Guerra, portó, por primera vez, la replica del Pendón de las Navas de Tolosa que precedía al Santísimo (protegido bajo palio).

Precisamente el comandante, minutos antes del comienzo de la celebración, no dudó en expresar su «orgullo de poder participar en este acto de tan hondas raíces en esta tierra y , además, poder portar un histórico pendón como el de las Navas de Tolosa».

La procesión continuaba su curso por el claustro y se detenía frente a la pequeña capilla de la Ascensión. Allí se rindió honores (no  militares) al Santísimo y comenzó a sonar el himno de España en la Iglesia de las Huelgas que, al concluir, fue aplaudido por buena parte de los presentes. Y es que la reciente aprobación de un Real Decreto, no exento de polémica, suprimía el reglamento de 1985 en el que se disponían honores especiales. Domingo Guerra confirmó que la nueva norma impide tocar el himno en un acto de este tipo y presentar armas al Santísimo. En cualquier caso, recordó que «por el volumen, cantidad y calidad de la presentación, se sigue haciendo igual que el resto de los años». Además, el comandante añadió que «la fuerza muestra las señas de respeto habituales en las fuerzas armadas y la compañía de Gastadores se mantiene en la posición de firmes, conforme al reglamento.

Seguidamente, la procesión terminó de recorrer el claustro y, por segunda vez, volvió a sonar el himno de España. Una interpretación que corrió por parte de los dulzaineros ya que Patrimonio Nacional desaconsejó, por motivos de «volumen», que la banda municipal tocará en el interior del monumento.

Finalmente, las autoridades se trasladaron hasta la verja del Monasterio, donde las recibió la abadesa de la Comunidad Cisterciense. Éste, y un desfile del regimiento de artillería de campaña Nº11, fueron los únicos momentos que, por culpa del clima, pudieron disfrutar los asistentes.

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