El Correo de Burgos

VISITA DE ZAPATERO A BURGOS

Hora y media de visita sosegada rodeado de turistas sorprendidos

Zapatero llegó a las 12.30 horas al museo y después almorzó con Herrera

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Burgos

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J. C. R. / BurgosLa llegada del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, se produjo a las 12.30 horas, acompañado por el presidente de la Junta de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, por los tres codirectores de Atapuerca y por el gerente del Museo de la Evolución Humana, Javier Vicente, recorrió con pausa las instalaciones deteniéndose con más detalle en algunas de ellas, como la recreación de la Sierra o la sala de los cráneos.Expectantes, los visitantes no cesaba de tomar fotografías y comentar, unos con otros, la sorpresa por la visita del presidente. Medio en serio, medio en broma, alguno de los turistas comentaba: «Le voy a pedir que me dé un trabajo». Y sin embargo, la normalidad era la tónica de quienes se vieron sorprendidos por la llegada de Zapatero.Quizá por ello, en la taquilla no se vendieron entradas para la jornada matutina. Los que sí tenían la entrada asegurada eran los que ya reservaron en su día. Quienes sabían que Zapatero iba a visitar el MEH, trataron de no perder la ocasión de ver al presidente en primera persona.Sin entradasAl solicitar el pase, las amables empleadas decían: «Le puedo vender entradas, pero sólo pueden visitar el Museo a partir de las 15.00 horas». Desechada la posibilidad de entrar de manera oficial, algunos optaron por buscar otras formas menos ortodoxas de entrar en el MEH ; y lo consiguieron. En el interior, entre los monitores que ayudan a entender la exposición, se notaba cierta inquietud; un nerviosismo que cundía más cuando por la puerta central de acceso se adivinaba, por su atuendo, que quienes entraban eran parte de la escolta de Zapatero.Paseo rutinario por las cuatro plantas, pinganillo en la oreja unos, mochila en la espalda otros, walkie talkie en ristre para las comunicaciones… en un cuarto de hora revisaron todo lo revisable. Y poco después de las 11.45, varios coches oficiales llegan a la puerta del Museo. Se baja el presidente, foto pactada para los gráficos que le seguían desde Atapuerca y entrada.Murmullos entre los visitantes y primer paseo por la planta sótano. Desde la balconada un niño de Salamanca grita «¡Zapatero!«. El aludido levanta la cabeza, sonríe y saluda al pequeño con la mano izquierda. Junto a él, ejerciendo de guía y ‘cicerone’, el presidente Juan Vicente Herrera, dialoga, ríe, comparte complicidad con su homólogo del Gobierno de España.Herrera se desmarca y saluda a un periodista que en ese momento visitaba el Museo; regresa con Zapatero y prosigue la visita. La escolta ha dado orden de que nadie baje a la planta baja o al sótano, sino es para salir del Museo. Todos quietos en el piso de los cráneos.Ajenos a la visitaLos visitantes, algunos ajenos a la visita, siguen contemplando los descubrimientos de la Trinchera del Ferrocarril. Otro ya se han enterado y no cesan de tirar fotos; los escoltas muestran su desagrado. En el momento de visitar la sala de los cráneos, Zapatero atiende una llamada a su móvil. La comitiva descansa dos minutos y reemprende la visita.A las 14.00 horas, el presidente del Gobierno cierra su visita no sin antes saludar a los empleados y diferente personal del Museo. La prensa le aborda y tras esquivar una pregunta, toma su coche oficial y acude a Ojeda a comer con sus anfitriones. Y después a descansar que el inicio del curso político llama a la puerta.

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