El Correo de Burgos

>CAOS AÉREO / Horas de espera en la terminal

Bocadillos de jamón y alguna cabezada para matar el rato

Apenas unos silbidos aislados rompieron la calma que dominó en todo momento

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Burgos

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L. B. / Burgos

La estampa era cuanto menos singular. Nunca hasta la fecha la terminal burgalesa se había visto tan concurrida. Pero los rostros de sus habitantes temporales -menos de lo que hubieran querido- lejos de emanar ese brillo especial de quien se dispone a olvidarse de la rutina eran el vivo retrato del abatimiento. Algunos lo disimulaban. Otros, tras demasiadas horas en modo espera, ni siquiera trataban de ocultar su decepción por la 'tragedia' que llevaban mascando desde que comenzaron a preparar la maleta el viernes por la tarde.

Pero todos, eso sí, se afanaban en llenar los eternos minutos a expensas de alguna noticia con actividades de lo más variado y alguna que otra cabezada.

Los más pequeños, pocos pero había, se contentaban con echar una carrerita y pasar las páginas del cuento La maleta viajera, que los operarios del aeropuerto les regalaban para hacerles su estancia más amena.

Los más talluditos diversificaban. Tiraban de socorrida charla entre compañeros de aventura fallida o iniciaban nuevas relaciones con vecinos de banco que, a poco que ahondaran, resultaban ser primos del vecino del algún familiar cercano. El mundo es un pañuelo y Burgos, más.

Los más previsores, los que habían añadido una baraja al equipaje de mano, lucían sus habilidades con los naipes, con el entusiasmo de quien piensa que nada peor le puede ocurrir tras quedarse sin vacaciones.

Los más hambrientos gozaban de las delicias en bolsa de plástico que el Consorcio había dispuesto para su deleite. A saber, un suculento bocadillo de jamón, bebida a elegir -refresco, zumo o botellín de agua- y una manzana. Otros, quizá más sibaritas, optaron por acercarse a zonas habitadas y aprovecharon para hacer la compra.

Los más masoquistas se entretenían repasando las guías de Praga que supuestamente iban a conducirlos por los rincones más espectaculares de la mágica ciudad europea. Quizá se trataba, además, de los más optimistas.

Los más 'in' demostraban su pasión por la tecnología a golpe de artilugios a los que permanecían conectados como a un respirador. Lo hacían con gesto serio, contenido, como si en lugar de las noticias de última hora estuvieran escuchando la final de la Eurocopa y esperaran el gol de la victoria para desquitarse.

Y todos mantenían la calma, salpicada únicamente por algún alarido y aplausos cuando las noticias sin ser buenas no eran malas y silbidos aislados cuando, sencillamente, no había noticias. Mantenían también el espíritu. Éste a golpe de café de máquina, que tuvo que reponerse al menos en tres ocasiones, para regocijo de la empresa responsable, cabe suponer.

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