El Correo de Burgos

DÍA Y MEDIO ATRAPADO EN UN AEROPUERTO

Un burgalés logra abandonar Libia tras 18 horas de angustia

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Burgos

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M.R. / Burgos

El burgalés Bruno Díez ha pasado las que seguramente hayan sido las 18 horas más largas de su vida, atrapado en un aeropuerto. Este trabajador de 34 años de la empresa catalana Selprats se ha visto envuelto en los levantamientos populares en Libia, donde lleva trabajando desde hace cerca de un año en la construcción de campos de fútbol. A media tarde de ayer, conseguía embarcar junto a otros seis españoles en un avión fletado por el Gobierno portugués que aterrizaba en Sicilia (Italia). 

Precisamente, estaba ya a punto de regresar a casa porque el visado le caducaba el 4 de marzo y había  terminado prácticamente el proyecto. Las revueltas le sorprendieron en la capital, Trípoli. Según cuenta su compañero de empresa Jordi Crespi, ante la virulencia de los acontecimientos, Bruno decidió que era el momento de abandonar el país. Pero, una vez en la calle, le fue imposible conseguir un taxi, por lo que decidió acudir a la embajada española. Allí le facilitan un coche, pero nada más. Que vaya al aeropuerto y que trate de encontrar un vuelo regular por sus propios medios, le dijeron.

Mientras Bruno se quedaba atascado en el aeropuerto, a pocos kilómetros de la capital, e intentando por todos los medios hallar un avión, en España crecía la incertidumbre por las noticias que llegaban de Trípoli y aumentaba la indignación por la actitud del Ministerio de Asuntos Exteriores. Ana María, la novia de Bruno, resumía que se han portado «mal en general». Desde el Ministerio de Asuntos Exteriores «nos decían que estaban organizando, que estaban organizando, pero nada». Una situación que había provocado un riesgo innecesario. Más cuando llegaban noticias de ataques al aeropuerto de Bengasi, y «estás con la cosa de que el siguiente podía ser el de Trípoli».

Crespi señalaba que «hemos hablado con todas las embajadas porque no nos respondía la nuestra». Tras contactar con representantes de Francia, Italia y otros países, finalmente consiguió que Bruno y otros cinco compatriotas pudieran tomar un vuelo fletado por el país luso, aunque daban prioridad a los ciudadanos portugueses. De hecho, hubo algunos momentos de cierta incertidumbre porque no estaba asegurado el embarque de los españoles en el avión.

El compañero de empresa de este trabajador burgalés se mostraba decepcionado y disgustado por cómo se habían comportado desde embajada española, ante la falta de la diligencia del Ministerio. A última hora de la noche, al margen de la angustia generada por la situación vivida por Bruno y por los largos momentos de incomunicación con sus allegados en España, su novia confirmaba que su vuelo había aterrizado en tierras italianas.

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