Un viaje para cerrar el círculo
Doce personas recalan en Burgos, tierra natal de sus padres emigrantes, de la mano de la Operación Añoranza. La iniciativa cumple este año sus bodas de plata

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L. B. / Burgos
Corría 1913, hace casi un siglo. Un joven burgalés nacido en Criales de Losa, una pequeña pedanía enclavada en el valle que le da apellido, se embarcaba literalmente en la aventura de cruzar el charco. Cuba lo esperaba. A él y a su tío sacerdote, cuyos pasos quería seguir. Estaba decidido, iba a ser cura.
No imaginaba que siete años después, en 1920, La Habana le depararía la sorpresa del amor. Fue entonces cuando conoció a la joven que iba a ser su esposa y madre de una decena de hijos, ocho varones y dos hembras.
El más pequeño, Armando Zorrilla, recorría esta semana el camino inverso del que marcó para siempre la vida de su padre. Partía de La Habana con la emoción de conocer sus raíces, la tierra de su familia paterna, a la que además tendrá la «inmensa fortuna» de visitar. Y así lo reconocía ayer en el Salón de Plenos del Ayuntamiento donde el alcalde, Javier Lacalle, recibía a los integrantes de la Operación Añoranza. Armando forma parte de esta emotiva expedición decidida a zambullirse en su historia, esa que un día comenzó en tierras castellanas para saltar a miles de kilómetros.
Hasta doce personas cierran en esta ocasión el círculo de la mano de una iniciativa que cumple sus bodas de plata y suma más de 300 sueños cumplidos de aquellos descendientes de burgaleses emigrantes que siempre quisieron realizar tan singular viaje.
Por tres se multiplica el entusiasmo en el caso de las Estrada Fernández, las hermanas Esperanza, Susana y Rosa, tres de trece, le hacían llegar a Lacalle una carta del Centro de Castilla y León en la ciudad argentina de Mar del Plata.
La primera ejercía de portavoz ante algunos micrófonos y decía sentir una alegría muy grande: «Mi padre dejó Burgos siendo muy chico y jamás volvió. Yo nunca imaginé hacer este viaje. De momento es una belleza y eso que solo acaba de empezar».
Tienen el pesar de no saber con exactitud en qué localidad nació su padre pero es que él hablaba poco de su infancia en España. «Se fue de polizón cuando la guerra y esas cosas no se contaban. Hace unos años una hermana se empeñó en indagar en los orígenes y aquí estamos», explicaba encantada.
Esperanza y sus hermanas sonreían. También sus compatriotas Marta Isabel, Nélida, Saúl Bernardo, Julio César, Nélida y Rubén. Y la joven Aránzazu, que lucía la banda de reina del Centro Burgalés en Buenos Aires. Como lo hacían los cubanos José Antonio López y el propio Armando Zorrilla.