>PROGRAMA DE ACOGIMIENTO FAMILIAR
Hijos de ida y vuelta en busca de un hogar
Siete menores encontraban casa de acogida en 2013 y 13 siguen a la espera. Desde Cruz Roja apelan a la solidaridad de los burgaleses para dar cobijo temporal «sobre todo a hermanos y a los niños más mayores»
CARMEN ARROYO / Burgos
Solidaridad y altruismo. Las responsables del programa de acogimiento de Cruz Roja Burgos eligen estas dos palabras para resumir los rasgos comunes de las familias que hacen posible su labor. Para hablar de ‘la otra parte’, los menores a los que buscan hogar, necesitan alguna más: ser menor de edad en un entorno problemático es el denominador común de los que se benefician de la iniciativa.
El mecanismo es sencillo: el menor deja de vivir con su familia biológica durante un periodo de tiempo determinado para residir con una familia de acogida, ya sea extensa -es decir, con la que tiene parentesco- o ajena.
Cruz Roja gestiona este programa de la Junta de Castilla y León para familias ajenas y trata día a día con las partes implicadas. Durante 2013 siete menores encontraban casa de acogida en familias ajenas. Trece siguen todavía a la espera. Mientras llega el momento, viven en residencias.
Noemí Nieto, psicóloga, y Marta Tovar, trabajadora social y coordinadora del programa, tienen la ardua misión de buscar familias para ellos. Con 29 acogimientos activos en la actualidad, 36 familias tienen algún menor a su cargo o lo han tenido en lo que va de año. Insisten, no obstante, en que hay «una gran necesidad» de encontrar familias dispuestas a ofrecer un hogar a menores. Es decir, hacen falta más y cuanto antes.
Es importante subrayar, según las encargadas de esta labor, que no se buscan al niño para la familia que se ofrece. Es al revés: «Buscamos familias que puedan cubrir las necesidades de los niños que necesitan un hogar temporal». Las más difíciles de encontrar son aquellas que estén dispuestas a acoger a niños mayores de diez años y grupos de hermanos. Y los hay. Apelan a la generosidad de los burgaleses para remediar su espera.
Los que se lo planteen pero desconozcan cómo hacerlo deben saber que el camino para acoger es sencillo. La asistencia a unos cursos de formación y superar una entrevista de valoración lo hacen posible. Cualquier persona casada, soltera, divorciada, con o sin hijos, que esté dispuesta a cuidar y educar a un menor puede hacerlo. Es algo voluntario y las familias deciden cuánto tiempo pueden y quieren tener al niño en su casa, en el caso que no puedan prolongar la acogida hasta que el menor regrese a su entorno habitual.
Porque «acoger no es adoptar», recuerdan las responsables del programa. Los menores están de paso. «El objetivo inicial siempre es que vuelva con su familia natural», insisten.
Por su parte, la familia biológica debe superar las dificultades que motivaron la salida del menor para recuperarlo. Aun así, hay niños que no pueden volver. Si esto ocurre, se valoran otras medidas para ofrecerles una estabilidad definitiva.
Explicar a un chaval de siete, nueve, doce o quince años que tiene que separarse de su familia porque esta no sabe o puede cuidarle no es tarea fácil. «Supone un impacto y no suele entender los motivos por los que tiene que irse. ¿Cómo va a aceptar que quizá no son lo mejor para ellos? Separarles de su familia, de sus amigos y su colegio, es muy duro y necesitan un tiempo para asimilar los cambios y la pérdida», aclaran Marta Tovar y Noemí Nieto, que valoran el cambio como la ocasión para reinventarse.
Casi todos, tarde o temprano, acaban adaptándose a su familia de transición. Y como «separarse no es romper», que así reza el lema que se les repite a los menores, la mayoría mantiene el contacto con la familia que le acogió.