El Correo de Burgos

Uno de cada tres niños, al borde de la pobreza

Cáritas constata un aumento de menores en situación precaria que necesitan ayuda directa para cubrir necesidades básicas. Atiende a 500 en sus seis centros

Burgos

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L. B. / Burgos

La crisis no entiende de edad. No discrimina. De hecho, se ceba con especial saña en los más débiles y, entre ellos, los niños son un grupo numeroso. Tanto que, según Cáritas, los menores son los que más sufren las consecuencias de la precariedad reinante. Como prueba, un dato: el 30% de la población infantil está en riesgo de exclusión, es decir, vive al borde de la pobreza.

La cifra nacional «tiene su reflejo en Burgos», aseguraba ayer el delegado de la entidad diocesana en la provincia, Óscar Moriana, preocupado por la creciente demanda de ayudas económicas directas que ofrece el programa de infancia y adolescencia para cubrir necesidades básicas. Este año, la partida asciende a 7.000 euros.

En este sentido, el responsable de Cáritas Burgos detalló que cada vez más se ven obligados a «cubrir el material escolar». Además, la precariedad de las familias repercute en «una peor alimentación de los niños, que vienen de casa con más carencias».

Moriana explicó que los seis centros de formación no reglada para menores que Cáritas gestionan en la provincia atienden en la actualidad a 500 niños. Cuentan con una inversión de 308.000 euros, de los que el 60% corresponde a financiación pública, y dan empleo a ocho profesionales.

La actividad cotidiana les permite detectar las consecuencias de la crisis y de los recortes educativos. Al respecto, Moriana lamentó que «la retirada de los profesores dedicados a apoyar a minorías con dificultades provoca una sobrecarga en las entidades sociales que brindamos ese respaldo».

No termina ahí el capítulo de problemas con los que se topan en su labor de atención a la infancia. «Encontramos muchas dificultades para poner normas y límites porque las familias en riesgo de exclusión no tienen las herramientas para realizar este papel y se dispersa su refuerzo educativo», relató Moriana, que también incidió en los riesgo añadidos que supone el hecho de que estos menores pasen más tiempo en la calle «y en consecuencia disminuya la calidad de su ocio».

Con todo, reconoció que el entusiasmo con el que los usuarios de los centros participan en las actividades «no decae».

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