La lucha de los talidomídicos continúa
La anulación judicial de las indemnizaciones dificulta la batalla de los burgaleses afectados
La Audiencia Provincial de Madrid anuló ayer las indemnizaciones concedidas el pasado mes de octubre de 2013 a los afectados por talidomida. Pierden, por tanto, su derecho a recibir una compensación total de 204 millones de euros de Grünethall, la empresa alemana farmacéutica que lo distribuyó en España como fórmula para calmar las nauseas del embarazo.
Lo hizo con hasta siete nombre diferentes a través de su filial Medinsa entre los años 1958 y 1963, a pesar de que al final de este periodo ya existía una relación causa efecto entre su consumo y las malformaciones en los bebés.
«El tribunal alega que las acciones ejercidas por Avite (Asociación de Víctimas de la Talidomida en España) están prescritas y falta documentación para justificarlo», explica Esther Fernández, una de las 300 personas afectadas.
Indignada por la noticia, sostiene que se trata de una negligencia. «No se que más pruebas quieren», comenta, aludiendo a las investigaciones del doctor Clauss Knapp, quien descubrió el origen de las malformaciones.
«Nadie guardará las recetas después de 55 años si eso es lo que quieren», afirma. Además, en muchos casos, ni siquiera eran expedidas con prescripción médica.
Esther no se encuentra entre los demandantes, pero la decisión podría afectar al proceso legal, en el que se embarcó hace ya un año y medio, si sienta precedente.
«Lo que no quieren es pagar, pero no todo está perdido. La lucha debe continuar».
En su caso, ya cuenta con un informe genético en el que el propio doctor Claus Knapp corrobora que el acortamiento de sus extremidades inferiores y superiores se debe a la talidomida.
«Un estudio lo avala», asevera, sumando a sus problemas de salud una displasia severa, hernias discales y sobrecarga muscular a causa de las prótesis que necesita. Todo ello se traducen en un 75% de discapacidad reconocida, pero ha logrado mantener su puesto de trabajo en Madrid, donde reside desde hace varios años.
Sin embargo, «el estado español no me reconoce como talidomídica», se lamenta. Un obstáculo que no frena sus ganas por seguir luchando. «Voy a llegar hasta el final para reclamar lo que es justo. Igual que lo consiguieron los afectados alemanes».
Es conscientes de que la sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid entorpece el camino, pero sus agallas se alimentan de las preguntas que ha logrado responder a lo largo de los años.
«Después de los mamá, ¿por qué a mí?, tengo fuerza para que no me sigan destrozando. Iré hasta el final», reitera. Lo hará, dice, con una sonrisa y con el brillo de la felicidad impregnado siempre en sus ojos.