El Correo de Burgos

La ilusión de los más pequeños viaja en carta camino a Oriente

Los pajes y emisarios de los Reyes Magos recogieron en el Teatro Principal sus peticione

La emisaria del Rey Melchor, Quimera, con los pequeños que llevaron sus cartas para enviarlas directamente a sus majestades de Oriente a través del buzón Real.-RAÚL G. OCHOA

La emisaria del Rey Melchor, Quimera, con los pequeños que llevaron sus cartas para enviarlas directamente a sus majestades de Oriente a través del buzón Real.-RAÚL G. OCHOA

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ANDRÉS SEOANE / BURGOS
Burgos

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Los nervios se palpan en el aire y se respiran en la cola esperando que se abran las puertas. Por fin lo hacen, y aparecen Taumante y Samali, dos de los pajes de sus majestades de Oriente. Tras el toque de trompeta, indican a los expectantes niños que van a comenzar a pasar, en grupos de diez acompañados por sus padres, para poder entregar a los emisarios de los Reyes Magos ese pedazo de papel que custodia sus deseos. Los que esperan recibir tras 365 días de obediencia y buen comportamiento. O al menos eso han escrito todos ellos en sus misivas, además de los regalos que quieren, claro.

Los pequeños cruzan las puertas y Taumante les recibe con un juego, habilidad de trilero convertida en caras de asombro entre los niños que se miran entre sí preguntándose cómo pueden las bolitas de espuma traspasar las paredes de los cubiletes para acabar juntas. «Los Reyes Magos nos entregan regalos. Pero no sólo eso. También nos regalan una ilusión. Una ilusión que nos hará jugar el resto del año», explica el paje.

Tras colocarles a todos el jubón real, les enseña el saludo con el que deberán recibir a Quimera, la emisaria de Melchor. La mano derecha en alto, un par de giros de muñeca, y una sutil reverencia doblando con suavidad la cintura. Los niños escuchan atentos y aprenden rápido, y a pesar de las ganas de entregar sus cartas se portan aún mejor. Están a las puertas, no pueden permitirse fallar ahora.

Comienzan a ascender por la escalera que les lleva directos al diván de Quimera, y el ambiente adquiere ese toque mágico que le otorga el aroma a incienso y la música de fondo, que parece silbada por las dunas del lejano Oriente.

La emisaria recibe a los pequeños, ellos con la emoción a flor de piel, y empieza la lectura de la lectura de sus misivas. La carta de Mar, de cinco años, asegura que según sus papás se ha portado bien, además de haberles prometido estar «más quietecita», por lo que espera que los Reyes Magos sean condescendientes y le traigan su palacio de princesas. Juan quiere ser conductor cuando sea mayor, y para ir entrenando ha pedido un coche y también una granja, nunca se sabe lo que deparará el futuro. Sofía espera «un perrito» y «polvo de hadas», aunque se reserva decir para que va a emplearlo. Más información en edición impresa.

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