Las llamas que abren la puerta a Doña Cuaresma
La tradicional quema de la sardina a media noche pone el punto y final a los carnavales

Los burgaleses apuran el último día de carnaval para disfrazarse mientras disfrutan de las sardinas.
Una de las costumbres más arraigadas en la ciudad, la quema de la sardina en La Flora, terminó ayer con los días de dominio de Don Carnal, la intensa actividad y el colorido que han tintado durante las últimas jornadas las calles de Burgos. El entierro, uno de los momentos álgidos de los carnavales, podría presentarse por el Ayuntamiento para ser incluido en el listado de Fiestas de Interés Turístico Regional, una idea que surgió ya el año pasado desde la Asociación de Comerciantes del Centro Histórico.
Durante toda la jornada de ayer los burgaleses pudieron velar a la sardina que este año hace referencia a Podemos y al tiempo que se le termina a la casta. Una gran cantidad de público agotó las horas para disfrazarse recorriendo los puestos de los hosteleros que sirvieron este pescado frito antes del reparto de velas y antorchas, previo al último paseo fúnebre de la gran sardina por el centro de la ciudad.
Se entonaron entonces las letanías y plegarias evocando los siete pecados capitales y rogando por su perdón. Tras las llamas, los asistentes pudieron aliviar su dolor con barquillos y quitapenas.