El Correo de Burgos

PRUEBA: FIAT ABARTH 500

EL REY ESCORPIÓN

Este pequeño italiano, con aspiraciones de urbano por su tamaño, asoma en cuanto uno se pone al volante la bestia que hay en él. Un motor explosivo se esconde bajo su capó que permite descubrir la garra de los coches deportivos donde los coches de rallyes no pueden enseñarle casi nada

Moderno, compacto, duro, bello y omnipresente por las calles de Sasamón. Modernidad frente a la  histórica población.-HÉCTOR FUSTEL

Moderno, compacto, duro, bello y omnipresente por las calles de Sasamón. Modernidad frente a la histórica población.-HÉCTOR FUSTEL

Publicado por
RAÚL MANSO
Burgos

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S i es que en el fondo somos como auténticos niños... Hacía ya mucho tiempo que queríamos, bueno, que necesitábamos probar el pequeño Abarth 500, y hasta que no lo hemos conseguido, no hemos parado de pedirlo. Y es que eso de probar los últimos modelos que salen al mercado está realmente bien (si como a nosotros, te encantan los coches), pero a pesar de lo que os pueda parecer, nos lo tomamos muy en serio y buscamos la manera de plasmar en palabras lo que nos ofrecen todas y cada una de las unidades que pasan por nuestras manos, de una manera que todos lo podáis entender y dejando a un lado el carácter técnico.

HOY VA A SER UN GRAN DÍA

Pero hoy va a ser diferente, porque hoy es el día en el que no solo vamos a trabajar, sino que también vamos a disfrutar de lo lindo. Después de varios intentos y de probar, prácticamente, toda la gama de Fiat 500, por fin nos encontramos en el mismo espacio-tiempo con el más deportivo de la familia.

Vamos a meternos en el mundo de la competición. Pero nuestra particular competición del día a día, en donde tendremos que medirnos con todo tipo de vehículos, trampas mortales en forma de obras, cruces y carreteras descuidadas y en donde tienes que hacer un pilotaje muy fino para llegar a casa el primero, ponerte las pantuflas y relajarte viendo tu programa favorito.

Y es que el pequeño italiano es a fin de cuentas un urbano con el que nos moveremos por nuestras ciudades de la manera más ágil posible y al que podemos aparcar casi en cualquier hueco, por pequeño que sea. Pero la verdad, es que eso sería más apropiado para la versión estándar del 500, ya que la configuración del Abarth, nos invita a dejarlo guardado en nuestro garaje y sacarlo tan solo cuando necesitemos liberar cantidades ingentes de adrenalina.

PEQUEÑO EXPLOSIVO

Por todo lo demás, es un 500 «cualquiera», pero con cara de más mala leche. Bueno, la cara y el corazón, ya que a pesar de que el objeto de nuestra prueba era la versión estándar de Abarth, el corazón de esta pequeña bestia del asfalto arroja una cantidad de potencia considerable para tratarse de un coche que no llega a la tonelada de peso.

Se trata de un 1.4 con turbo, con 135cv y 180 Nm de par máximo. Pero eso es en condiciones normales, ya que el Abarth 500 esconde un as debajo de la manga.

Resulta que en el salpicadero, nos encontramos un botón con la nomenclatura Sport, que al pulsarlo, observamos como el cuadro digital cambia mínimamente su configuración y comienza a mostrarnos un gráfico con las fuerzas G, el indicador de la presión del turbo situado a la izquierda del marcador cambia de color y tanto la dirección, como el control de estabilidad, como el control de tracción (que cuenta con un botón aparte para conectarlo y desconectarlo), se ponen en guardia para hacernos entender que la cosa se puede poner muy seria. De hecho, cuando lo pulsamos, además de todo esto, el motor arroja en este momento 204 Nm.

PRESTACIONES

No obstante; hablamos de un coche que acelera de 0-100 Km/h en unos instantáneos 7,9 segundos y que alcanza una velocidad máxima de 205 Km/h. Y no dudamos que alcance esas velocidades y algo más, ya que con el pequeño Abarth resulta complicado mantener las marchas legales de cada vía, porque el coche cada vez te pide más y más.

En nuestro caso, teníamos la caja manual de cinco relaciones, que se encuentra muy cerca y en una posición óptima para realizar la secuencia de los cambios con una rapidez pasmosa. Las inserciones son muy precisas y los recorridos extremadamente cortos, lo que invita continuamente a utilizarla. En opción, también podemos adquirir el Abarth 500 con una caja automática con levas en el volante.

SÓLO PILOTOS, POR FAVOR

El equipamiento disponible en nuestra unidad de pruebas, no es que fuera especialmente extenso, pero ¿dónde has visto un coche de rallys con un gran equipamiento?, es más; ni siquiera un Ferrari o Lamborghini cuentan con un gran equipamiento. Están fabricados solo para conducir.

Aun así, teníamos climatizador automático, asientos deportivos, llantas de 17 pulgadas, dirección de asistencia variable con volante multifunción, equipo de sonido con entrada auxiliar y puerto USB, indicador GSI de marcha óptima, elevalunas eléctricos y control de tracción, entre otras cosas.

Al ser un coche tan pequeño y con un motor tan explosivo, las sensaciones que produce en todo momento son de lo más variopintas. Siempre nos invitaba a buscarle los límites y es que el sonido que emana de su doble salida de escape es como un mensaje subliminal que nos «taladra» en el cerebro directamente, el mensaje de que debemos pisarlo más. El pequeño Abarth nos deleita con una aceleración digna de muchos compactos deportivos del segmento superior y los frenos específicos y con una mordida considerable, nos ayudarán a la hora de apurar la frenada hasta el último instante antes de afrontar una curva.

Por donde pasa el morro, pasa la zaga y es más: si llevamos activado el modo Sport, el diferencial autoblocante electrónico nos ayudará siempre a que la trasera termine por redondear las curvas y afrontar las rectas sin ningún tipo de demora y acelerando como si no hubiera un mañana.

Las suspensiones son muy duras, para evitar ningún tipo de balanceos en los cambios de dirección a un ritmo endiablado. Nos permite realizar ejercicios que no nos atreveríamos con casi ningún otro vehículo y saber qué es lo que ocurre debajo de los neumáticos, pudiendo controlar de manera muy fiable cual es el límite de adherencia de los mismos y hasta donde podemos «jugar».

DELEITE PARA LOS SENTIDOS

Como una bola anti-estrés, como una cerveza con los amigos, como «cebarse» dando puñetazos a un saco lleno de arena con la foto de tu jefe, como realizar puenting y gritar hasta quedarse afónico, como una noche de sexo descontrolado; así es el Abarth 500.

Es un coche para disfrutar y liberar tensiones. Sería la definición perfecta...

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