EMILIANO BRUNER / Responsable del Grupo de Investigación de Paleoneurobiología de Homínidos del CENIEH.
«La especie humana es, en este momento, inerte a cualquier cambio evolutivo»

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Emiliano Bruner (Roma, 1978) es uno de los científicos de mayor peso del panorama nacional. Responsable del Grupo de Investigación de Paleoneurobiología de Homínidos del Centro Nacional de Investigación de la Evolución Humana, dedica desde hace más de una década su tiempo a desentrañar las complicadas relaciones entre cráneo y cerebro en la capital burgalesa.Pregunta.- Hablar de Emiliano Bruner es hablar de paleoneurobiología. Para el que no lo entienda, ¿en qué consiste?Respuesta.- El cerebro no fosiliza, pero a lo largo de la vida va moldeando el cráneo como una coraza, a su imagen y semejanza. Así que aunque no tenemos el cerebro, tenemos esta «concha de hueso» que le ha crecido encima, con todas sus huellas y marcas. Podemos conocer su tamaño, pero también sus proporciones, o las proporciones de sus áreas funcionales. Podemos analizar las trazas de sus arterías y de sus venas y, por supuesto, lo más interesante, estudiar su relación espacial con el mismo cráneo. Al fin y al cabo la paleoneurología se interesa en la relación entre cerebro y cráneo y, si hablamos de paleoneurología humana, en cómo esta relación ha cambiado en los últimos cinco millones años a lo largo de nuestra historia evolutiva.P.- ¿Cómo ha variado el cerebro desde que se pobló Atapuerca hasta la fecha?R.- Durante mucho tiempo hemos pensado que la evolución del cerebro era un proceso lineal y gradual, una autopista. Hoy sospechamos que no ha sido así. Más que autopista, ha sido probablemente una red de carreteras, cada una con su historia diferente, y con su diferente destino. Algunas especies humanas a lo largo de su evolución solo han cambiado el tamaño de su cuerpo, y por ende de su cerebro. Otras, al contrario, realmente han aumentado el volumen de su corteza cerebral, más allá de su tamaño corpóreo. Finalmente, hay casos (como los Neandertales o los humanos modernos) que han aumentado el tamaño del cerebro pero también han cambiado su organización, sus proporciones. Neandertales y humanos modernos, por ejemplo, presentan cambios en la anatomía de sus áreas frontales y parietales, que son importantes para planear, decidir y ejecutar (las frontales) y para relacionar cerebro, cuerpo y ambiente (las parietales). Ambas áreas también están involucradas en el lenguaje, y en muchas tareas sociales. El hecho que estas dos especies hayan tenidos estos cambios en su anatomía cerebral y a la vez un patente aumento de la complejidad tecnológica y cultural, nos dice que las dos cosas tienen que estar, de una forma u otra, relacionadas.P.- ¿Qué información recibe de los restos de un cráneo?R.- Los huesos graban mucha información biológica. Algunas informaciones son directas, y nos cuentan de rasgos y caracteres del mismo cráneo, caracteres que se asocian a una función específica (como el anclaje de un músculo o la masticación). Otras veces son informaciones indirectas: el hueso, como tejido, ha grabado algún cambio en la fisiología del individuo, y lo lleva escrito en su estructura, testigo de procesos celulares. Por ejemplo, el hueso puede proporcionar informaciones sobre el desarrollo o sobre el metabolismo de una persona. El cráneo es un elemento físicamente muy resistente, y por esto se queda a menudo en el registro paleontológico o arqueológico. Al mismo tiempo es la estructura que coordina el sistema nervioso central (el cerebro), muchos sentidos (vista, olfato, oído), y el sistema de alimentación (la boca). Finalmente, es un conjunto muy variable, con lo cual proporciona informaciones muy detalladas. Se utiliza para investigar las diferencias entre especies, entre poblaciones de la misma especie, entre sexos, y entre edades. Asimismo, es posible investigar muchas patologías, si es que dejan sus huellas en el hueso. En antropología forense se usa para investigar la identidad de una persona, porque lleva en sí mismo la historia de una vida.P.- ¿Qué es lo que marca la evolución de nuestra especie, especialmente de la especie moderna?R.- Desde luego no tenemos una respuesta, por lo menos única y cierta. Es posible que los factores hayan sido muchos, a la vez o en momento diferentes. Algunos de estos factores quizás fueron ecológicos, es decir han tenido que ver con la relación entre especie y ambiente. Algunos habrán sido genéticos, y otros culturales o sociales. Está claro que ninguna especie fósil o viviente ha tenido o tiene un comportamiento complejo como el nuestro, con lo cual algo tiene que relacionarse con esta diferencia tan patente. A nivel paleoneurológico, la diferencia única y muy evidente que hemos encontrado entre nuestra anatomía cerebral y los otros homínidos es una ampliación de las áreas parietales superiores. Esto no quiere decir que esto sea la causa de todo, o que no haya otros cambios. Pero esto es el único cambio notable que se puede describir a la hora de comparar la organización del cerebro moderno con los cerebros de las especies humanas extintas. Las áreas parietales coordinan la integración entre cerebro, cuerpo, y ambiente, y son entonces esenciales en “extender la mente”, es decir poder contar no solo en los recursos de las neuronas, sino en los recursos de la tecnología y de la cultura. Nuestra tecnología, más allá de las funciones prácticas y evidentes, almacena información y memoria afuera del cuerpo, activa procesos neurales, moldea nuestros sentidos y nuestras capacidades, y entrena nuestros cerebros. Así que es posible que nuestra especie haya cambiado no tanto sus capacidades internas, sino más bien la capacidad de enlazarse con la realidad externa.