TROTABURGOS
Lugar de inspiración divina y terrenal
El monasterio benedictino marca el devenir de esta localidad que presume de un relevante patrimonio natural, artístico, histórico y cultural

El claustro románico de la abadía, con su enhiesto ciprés, es uno de los símbolos de Santo Domingo de Silos.-ECB
Enhiesto surtidor de sombra y sueño / que acongojas el cielo con tu lanza. / Chorro que a las estrellas casi alcanza / devanado a sí mismo en loco empeño... Gerardo Diego como Federico García Lorca, Miguel de Unamuno o Rafael Alberti, se quedó atrapado por la paz que envuelve al monasterio de Silos y dedicó estos conocidos versos a su ciprés, símbolo de esta abadía benedictina, que marca el devenir de esta localidad situada a 57 kilómetros de la capital burgalesa.Pero la vida de Santo Domingo de Silos se extiende más allá de estas piedras sagradas y brinda al visitante un relevante patrimonio histórico, artístico, cultural y natural.La proyección internacional del cenobio románico provoca un incesante goteo de visitantes. Unos movidos por el simple recorrido turístico, algunos llamados por el silencio que habita sus estancias y otros por la riqueza que guarda su biblioteca o la fama de su taller de esmaltes. Es, sin duda, el gran atractivo de la villa. Pero tiene más.El recién recuperado y restaurado Convento de San Francisco, situado en el llamado pago de Santa María del Paraíso, fundado probablemente en el siglo XIV, brinda un repaso por la historia del monacato y la importancia que este tuvo en la construcción de Europa, además de contar con una hospedería y de desarrollar distintas actividades.La iglesia de San Pedro y la ermita de Santiago completan los destinos donde el visitante puede encontrar la inspiración divina.Pero escapar del incienso también es posible en la localidad, cuya historia va ligada sin remedio a la del monasterio. Su actual núcleo urbano, cuenta su página web, tiene sus orígenes en el fuero que Alfonso VI concedió a la abadía en 1098, por el cual el abad podía poblar junto a ella. Quedaban esos habitantes bajo su protección y vasallaje. Esta dependencia se alargó hasta 1440, año en que los monjes vendieron la villa de Silos a la casa de los Velasco, Condestables de Castilla, como atestigua el escudo que puede verse en la puerta de la Fuente.El pueblo ha perdido casi por completo su aspecto medieval de recinto amurallado y de aquella estampa solo quedan dos puertas, la de San Juan y la de la Calderera, y los paños de murallas que cierran la huerta del monasterio.Perdió esa magia medieval, pero sus calles y su caserío guardan un puñado de encantos. En la calle de Las Condesas hay una casa que suena cual caja de música pues custodia el museo de instrumentos musicales El sonido de la tierra, con piezas procedentes de todos los continentes, puesto en marcha por la Asociación Amigos de Silos.No es Santo Domingo de Silos destino para una sola vez en el año. La recuperación de viejas tradiciones y sus fiestas populares colorean de rojo varias fechas en el calendario. Sin duda, la más llamativa es la que se celebra el último fin de semana de enero, la de Los Jefes, declarada de interés turístico regional, que recuerda la genial idea de un morador de fingir un incendio en el pueblo para ahuyentar a las tropas musulmanas.Historia, arte, cultura... y naturaleza. Asentado en el Valle del Tabladillo, rodeado de altos y austeros montes, escasamente cubiertos de encinas, enebros y pinos, Santo Domingo de Silos es también un reducto verde a tener en cuenta cuando se elige como destino. Llaman la atención las caprichosas esculturas cinceladas por el agua en las rocas calizas como el desfiladero de la Yecla. Imprescindible en la visita que puede partir de ese mudo ciprés en el fervor de Silos.