TROTABURGOS / MAHAMUD
Tierra de pan para llevar
La joya de Mahamud es su gran plaza en la que sobresale la iglesia de San Miguel / El viejo núcleo poblacional está delimitado por arcos

Plaza con la iglesia de San Miguel al fondo.-MIGUEL ÁNGEL
Quizás por su nombre agareno o por la soledad de sus calles, sus calladas fuentes o por sus desbardados tapiales, Mahamud tiene el encanto del misterio. Bajo un gran cielo y abierto a todos los vientos, el abigarrado caserío, carece, excepción de la iglesia y alguna vieja y noble casona, de construcciones de piedra. Abundan las edificaciones de ladrillo y adobe, arcilla amasada con paja; las plantas bajas de las viviendas de barro y las superiores de ladrillos. El viejo recinto poblacional está marcado por varios arcos y, fuera de ellos, existen numerosos corrales, pajares y corralizos rematados por ajadas bardas. Tapiales de olvidados huertos donde, en otros tiempos, se cultivaban verduras y hortalizas que servía para sustentar la precaria economía rural. La población de Mahamud, rondó los 600 habitantes hasta los años 60, fecha en que descendió hasta los 400. Fue el gran éxodo de los pueblos a las ciudades y al extranjero causado principalmente por la mecanización de las labores agrícolas ya que los propietarios con más recursos mecanizaron las labores agrarias para conseguir más recursos, con lo que se redujo la mano de obra agraria. En la década de los 70 también fue importante la marcha de familias y así ha sido hasta nuestros días, pero con una pauta menor en el despoblamiento que Mahamud ha tenido hasta la fecha actual que tiene 120 habitantes. La joya de Mahamud es su gran plaza en la que sobresale su hermosa iglesia de San Miguel. El templo, de grandes proporciones, consta de tres naves y crucero. Su fachada principal, orientada al sur y asomada a la plaza del pueblo, donde se yergue el rollo jurisdiccional, adquirió una portada barroca en el siglo XVIII, concretamente en 1774, cuando el cantero Juan de Hernaltes, vecino de Los Balbases, la construyó en base a un modelo proporcionado por el arquitecto José Cortés del Valle, vecino de Burgos y elogiado por el viajero Ponz. Con todo, el hastial occidental de los pies conserva la vieja portada protogótica del siglo XIII, con dos torres adosadas, de desigual altura y anchura, cuyas bases aparecen vaciadas por unos profundos arcos apuntados; bajo el arco mayor se abre un óculo y una puerta formada por cinco arquivoltas ojivales apoyadas sobre otras tantas parejas de columnas. La cabecera fue renovada a partir de 1487 en estilo gótico tardío, y abruptamente finalizada en fecha posterior a 1514, época en la que consta que se llevaban gastados más de un millón de maravedís. La denominación de Mahamud proviene del nombre de un héroe musulmán, recordado y admirado tanto por los árabes como por los cristianos, que ha dejado su perenne huella en el nombre de su población que todavía mantiene. Más tarde fue reconquistado y repoblado por antiguos mozárabes y gentes del norte, dejando en los alrededores constancia de ello con nombres de sus pobladores. Otro hecho histórico y muy relevante acaeció circunstancialmente cuando al llegar a la cercana Santa María del Campo la corte mortuoria de Juana La Loca y, no dejando celebrar la imposición del capelo y birrete cardenalicio a Fray Francisco Jiménez de Cisneros, se resolvió celebrarlo en la villa de Mahamud. Debido a ello esta población gozó de varios privilegios, entre ellos el de behetría, mercado propio y ayudas para la construcción de un gran retablo para la iglesia de San Miguel Arcángel, que fue realizado por el maestro escultor Domingo de Amberes. El famoso retablo, que costó la gran suma de 5.100 ducados, comenzó a construirse en el año 1566, y muriendo el escultor en el año 1572, fue terminado por Martín Ruiz de Zubiate en el año 1577.