El Correo de Burgos

UNIVERSIDAD ISABEL I

«Los centros no pueden funcionar como fábricas decimonónicas»

El director de Historia y Geografía de la Universidad Isabel I, Ignacio Martín, analiza el papel orientador del docente universitario de disciplinas humanísticas en la sociedad de la información

Ignacio Martín, doctor en Filosofía y Letras y director del Grado de Historia y Geografía.-ECB

Ignacio Martín, doctor en Filosofía y Letras y director del Grado de Historia y Geografía.-ECB

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En la actualidad, una persona dedicada plenamente a la lectura tardaría 10.000 años en leer la información que se genera en Internet cada 45 minutos. Nuestra relación con la información y el conocimiento ha cambiado radicalmente con el acceso a Internet y, en particular, con la accesibilidad a la información.

«La sociedad del conocimiento nos confronta con una nueva realidad, caracterizada tanto por la existencia de conocimientos efímeros como por la profusión de información», explica Ignacio Martín Jiménez, doctor en Filosofía y Letras y director del Grado de Historia y Geografía de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Isabel I, quien analiza el nuevo papel docente para el estudio de las disciplinas humanísticas.

«Sabiendo seleccionar las fuentes, la red ofrece información solvente y de elevada calidad», y cita ejemplos como «canales y portales temáticos y especializados, los MOOC (cursos online, abiertos y gratuitos), foros de discusión y otros muchos recursos de aprendizaje a nuestra libre disposición».

De acuerdo con esta nueva realidad, los estudiosos de la Historia tienen a su disposición un número ilimitado de recursos. «Prácticamente podemos encontrar un vídeo explicativo de cada episodio histórico, y hacerlo además con suficiente solvencia y credibilidad», asegura el doctor Martín.

Atendiendo a este nuevo contexto, el profesor reflexiona sobre el papel que corresponde hoy a las universidades, y cuál es su valor añadido si todo el saber está ya disponible en Internet, ¿Por qué y para qué alguien estudiaría Historia, sabiendo que los mejores especialistas ya ponen al alcance todo su ‘arsenal’?

Según Martín, la enseñanza de la Historia «no puede permanecer anclada en el paradigma educativo basado en la recopilación por parte de un experto de contenidos escritos cuya lectura y memorización se propone al alumno». El alumno tiene acceso inmediato desde su teléfono móvil a cualquier pormenor de un acontecimiento histórico. «Luego, ese», argumenta, «no debe ser el terreno en el que acreditemos la competencia de un estudiante».

El director de Historia y Geografía plantea cinco claves metodológicas necesarias para la enseñanza de las disciplinas históricas, que propone y aplica desde la Universidad Isabel I. La primera de ella pasa por enseñar a saber hacer Historia, practicando Historia. «Se trata de transmitir las claves metodológicas del trabajo del historiador. Un vídeo de Youtube o el trabajo en pdf de un site especializado no es fruto de un simple relato de acontecimientos o procesos». Tras la superficie de ese saber comunicado se encuentra un background menos sencillo de describir y conceptualizar, un «saber hacer historia, saber pensar y operar como historiador». Las claves de la metodología de la Historia «no se van a aprender solo viendo buenos vídeos de historia, de la misma manera que no se aprendería a conducir solo viendo vídeos de excelentes pilotos» sino que «se van a transmitir practicando Historia, investigando por sí mismos, aplicando patrones de causalidad y formulando hipótesis de interpretación».

En segundo lugar, Martín asegura que es fundamental «enseñar a aplicar los mismos patrones del saber histórico a la interpretación del mundo actual ya que, un mundo tan complejo no admite patrones simplistas». En este sentido, el profesor ejemplifica sus palabras a través de las grandes empresas anglosajonas. «Encomiendan la alta dirección a profesionales con formación humanista y otorgan más importancia a una capacidad analítica basada en la multicausalidad que solo a la formación económica y/o empresarial». Y es que el saber del humanista, en este caso del historiador, «debe ser capaz de afrontar la complejidad de los fenómenos históricos, no solo comprendiendo el pasado para comprender el presente -un error simplista en Historia- sino aplicando los patrones del saber histórico a la interpretación del mundo actual».

En tercer lugar aparece la orientación, es decir, confrontar al alumno con pluralidad para dotarle de un pensamiento analítico profundo. Para Martín, «la docencia universitaria de la Historia debe adoptar un rol orientador ya que la interpretación histórica se nutre de la continua dialéctica conflictual, porque toda interpretación está inmediatamente llamada a ser rebatida, cuestionada, contraargumentada». Por ello, el docente debe confrontar al alumno con pluralidad de interpretaciones. Un profesor debe «extenderse incluso a poner en contacto de forma crítica y analítica al alumno con esos provisorios de conocimiento avanzado, con esos recursos de aprendizaje, de tal modo que el objeto a estudiar, la Historia, se convierta en una disciplina viva, en continuo desarrollo, porque de esa pugna surge un pensamiento analítico profundo».

La cuarta clave se basa en la ‘expertización’ y personalización. Generar un entorno personalizado de aprendizaje- PLE, por sus siglas en inglés: Personal Learning Environment- para cada alumno, que permita satisfacer sus intereses, explotar sus fortalezas y potencialidades, ‘expertizarse’. «Los centros educativos no pueden seguir funcionando como fábricas decimonónicas, con generación en cadena de un producto homogéneo- el alumno-, tal y como describió sir Ken Robinson en el célebre vídeo ‘Cambiando paradigmas’.

Por último, Martín asegura que «hay que profesionalizar el saber». Diseñar un planteamiento académico «teniendo en cuenta las competencias profesionalizadas de los nichos de mercado accesibles al saber histórico; teniendo siempre en cuenta que, entre estos, ocupa un lugar prevalente la docencia, y, específicamente, la docencia en Enseñanza Secundaria».

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