Ciberbullying, una nueva realidad escolar
Vanesa Martínez creó el programa Cyberprogram 2.0 para formar a profesores y padres en competencias digitales

El acoso a través de las redes sociales "sale de las aulas y acompaña constantemente a la víctima".-ECB
Las Tecnologías de la Información y de la Comunicación (TIC) han cobrado un papel protagonista en la sociedad actual, tanto en jóvenes como en adultos. La sociedad está experimentando cambios sustanciales en las formas de relación, siendo la socialización a través de las TIC la que está abriéndose camino a pasos agigantados. Resulta incuestionable que la tecnología aporta beneficios intrínsecos en muchos ámbitos, como pueden ser el educativo o el laboral; sin embargo, también implican riesgos asociados si se usan de forma inadecuada.
En el caso de los jóvenes y adolescentes, la presencia digital ha adquirido una importancia extrema. Podemos afirmar que el desarrollo adolescente se ha visto influido por los avances tecnológicos. Esta influencia en el desarrollo les dota de una cualidad rápida e intuitiva en la adquisición de competencias TIC en comparación con las anteriores generaciones.
Bullying y ciberbullying
El acoso entre el grupo de iguales es una realidad bien conocida. La voz de alarma en España se dio en 2004, cuando Jokin Ceberio, un adolescente de 13 años, se quitó la vida tras sufrir durante un año constantes vejaciones de sus compañeros. En la actualidad encontramos que el acoso escolar, también conocido como bullying, se ha adaptado a las nuevas formas de socialización, instaurándose en la realidad 2.0 de nuestros jóvenes. Este fenómeno -más conocido como ciberbullying o ciberacoso- se abre camino a una velocidad vertiginosa en nuestras aulas. Según Smith et al. (2008), el ciberbullying o acoso a través de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), es «una conducta agresiva, intencional, que se repite de forma frecuente en el tiempo por un individuo o un grupo, mediante el uso de dispositivos electrónicos, sobre una víctima que no puede defenderse fácilmente por sí misma». Dentro de este fenómeno, podemos identificar tres roles: víctima (quien recibe la conducta violenta), agresor (quien perpetra la conducta violenta), y observador (quien observa las conductas de acoso).
El ciberbullying es un fenómeno que se produce entre el grupo de iguales, pero los jóvenes no son el único segmento de la población susceptible de sufrir acoso a través de las TIC.La verificación rigurosa de los comportamientos de los jóvenes en la red es difícil de controlar. Por ello Vanesa Martínez-Valderrey, doctora en Psicología y coordinadora del Grado en Educación Infantil de la Universidad Isabel I, señala «la necesidad de llevar a cabo intervenciones en las que se evidencien las consecuencias reales de un mal uso o un abuso de las TIC. Intervenciones dónde no solo se contemplen las consecuencias legales de la perpetración de conductas de acoso, sino las consecuencias de los propios actos sobre las personas que las reciben».
La doctora Martínez-Valderrey da distintas razones: Los medios a través de los que se produce la conducta de acoso pasan inadvertidos para muchos de los adultos que rodean al niño/adolescente. En otros casos, padres y profesores no cuentan con los conocimientos, la formación y las competencias digitales necesarias para comprender cómo se desarrolla el fenómeno del ciberbullying a través de las TIC. En muchos casos las víctimas, embargadas de sentimientos de inseguridad y miedo, no cuentan que son blanco de conductas de acoso. Los observadores, por miedo a represalias por parte de los agresores o por el hecho de llegar a convertirse en víctimas, no denuncian este tipo de comportamientos.
Por lo tanto, el papel de los observadores resulta clave en la detección de los casos de ciberbullying, ya que pueden ponerlo en conocimiento de padres o profesores. Son el grupo mayoritario y trabajar para concienciarlos del daño que se causa a la víctima, y que no deben ser meros observadores pasivos, es fundamental, como lo es educar en valores.
prevenir y reducir
Vanesa Martínez-Valderrey tituló su tesis ‘Intervención en ciberbullying. Diseño y evaluación de un Programa para adolescentes’. La evaluación del programa ‘Cyberprogram 2.0: programa para prevenir y reducir el ciberbullying’ (Garaigordobil y Martínez-Valderrey, Ed. Pirámide, 2014), puso de manifiesto los beneficios de la intervención para reducir conductas de ciberbullying. Se disminuyeron los comportamientos de victimización, perpetración y victimización-agresiva de las conductas de acoso escolar, tanto en su vertiente electrónica como presencial. Los resultados pusieron de relieve que se disminuían la mayoría de conductas relacionadas con la violencia escolar, inhibiendo la agresividad premeditada e impulsiva. El programa fomentó un aumento significativo de las conductas sociales positivas y de la empatía, así como las estrategias positivas de resolución de conflictos.
En muchos casos la formación para padres y profesores sobre esta problemática se limita a charlas esporádicas de expertos que acuden al centro escolar. Pero, en ocasiones, la Administración aún no parece ver la necesidad y la urgencia de establecer programas de intervención, de incluir en los Planes de Convivencia un programa de prevención y tratamiento de los problemas que sufren los adolescentes por el mal uso de las TIC.
Según Vanesa Martínez-Valderrey, «siendo conscientes de las consecuencias que tiene el fenómeno y sabiendo que el ciberbullying es una práctica en aumento, se debería promover la implementación de programas de prevención e intervención en este fenómeno, que se incluyan dentro de los Planes de Convivencia de los centros educativos y que se extiendan en el tiempo, dirigidos a estimular cambios conductuales». Desde su punto de vista estos programas deberían tener un carácter obligatorio. Además, entiende que en sus estudios universitarios los futuros profesores deberían cursar una asignatura sobre competencia digital: «En muchos casos, los docentes ponen de manifiesto que no manejan las redes sociales. Parece necesario subrayar la importancia de la implicación de los centros educativos para atajar la problemática, así como la necesidad de abordar este fenómeno de creciente envergadura desde el contexto escolar. Quienes tenemos la responsabilidad de educar no podemos vivir de espaldas a la realidad», añade la doctora.