La Nueva Bureba: final feliz
El próximo 16 de noviembre se cumple un año desde que un incendio redujera a cenizas la planta de Campofrío en Burgos. Hoy un nuevo futuro se levanta en el mismo lugar

Los Bomberos trabajaban para sofocar las llamas que devastó la planta de Campofrío hace un año.-ISRAEL L. MURILLO
BURGOS
Burgos 1989. Polígono de Gamonal-Villayuda. Un joven vecino del barrio de Gamonal pasea por las inmediaciones del polígono y dirige su vista hacia las obras de lo que parece que será una gran factoría. Inquieto y con ganas de trabajar, el chico le pregunta al capataz qué es lo que se está construyendo: «Es la nueva planta de Campofrío», le responde el responsable. «Pues yo quiero trabajar aquí porque puede ser un buen sitio», le contesta. Hilario Sancho, presidente del comité de empresa de la planta de Campofrío de La Bureba, pasea estos primeros días de noviembre junto a las obras de la que será la mejor planta de Campofrío en Europa. Siente lo mismo que hace 26 años, cuando dando un paseo por el barrio se encontró con las obras de la factoría que ha dado de comer a su familia durante 25 años y que el pasado 16 de noviembre de 2014 vio reducida a cenizas como si de un mal sueño se tratara. «Paseo por la calle del polígono y pienso lo mismo que cuando era un chiquillo, que quiero trabajar y que esa será mi fábrica», confiesa en declaraciones a Ical el responsable del comité de empresa de La Bureba.
El incendio
«Me llamó una compañera poco antes de las ocho. Estaba llorando y me decía que la fábrica se nos estaba quemando. Pensé que no podía ser y que el incendio se controlaría en poco tiempo», recuerda Sancho. Apenas una hora después aquel primer deseo quedó incumplido. Incrédulo y con el rostro serio seguía a las puertas de la planta la realidad y era partícipe de la desolación del resto de sus compañeros. «Cuando el ingeniero me dijo que la planta la podíamos dar por perdida no me lo llegué a creer. No era posible que todo desapareciese en cuestión de minutos. Parecía imposible», asevera a Ical
Casi a la vez de que Hilario recibiera el primer aviso sonó el móvil del alcalde de Burgos, Javier Lacalle.
«Eran las siete de la mañana. Me avisaron de que se había producido un incendio en Campofrío pero nunca pensé que podía tener las consecuencias que después vimos», explica el primer primer edil que aquella fría mañana se encontraba con su familia fuera de la capital burgalesa. Apenas una hora después decidió ponerse en camino y regresar a Burgos porque «era mucho más grave» de lo que en un principio parecía. «Llegué dos horas después de las ocho y con mucha preocupación porque iba viendo que el incendio era irreversible», rememora Lacalle, al tiempo que recuerda el operativo que se activó desde el Ayuntamiento de Burgos para proteger a los ciudadanos. «Pusimos en marcha el PEMBUR y directamente seguimos todo con el centro de emergencias», añade.
Una de las primeras personas con las que habló el alcalde de Burgos fue con el presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera, «para contarle el desastre». Fue él quien se puso en contacto con Pedro Ballvé.
Al tiempo que los responsables políticos y de la factoría mantenían sus primeras conversaciones, cientos de personas, todos trabajadores, se acercaban a contemplar en directo las imágenes que horas antes les habían llegado por WhatsApp. Con lágrimas en los ojos y una enorme impotencia veían como su espacio de trabajo desaparecía ante una inmensa nube de humo negro provocado por un incendio que también obligó a evacuar el barrio de Villafría. A todos les preocupaba lo mismo, sus puestos de trabajo y su futuro.
El único consuelo para la plantilla era que en el momento del inicio del fuego, la fábrica estaba activa y había dado tiempo a desalojar a todos los trabajadores. La fábrica contaba en aquellas semanas de otoño con un turno extra destinado para la campaña de Navidad que todos daban, en un primer momento, «por perdida».
Primeras esperanzas
«Yo lo primero que pensé fue en los empleos. La incertidumbre de toda una ciudad porque de Campofrío dependen mil familias directas y no podíamos pensar en Burgos sin Campofrío», relata Lacalle, quien no dudó en hablar personalmente con el presidente de Campofrío, Pedro Ballvé, «quien me tranquilizó desde el primer momento». «Me preguntó qué era lo que más me preocupaba y yo le dije que el futuro de Campofrío en Burgos. Me contestó rápido y me aseguró que Campofrío iba a continuar en Burgos», evoca el primer edil que afirma que «eso le tranquilizó relativamente».
El comité de empresa se reunió durante aquella mañana con los responsables de la planta y con Lacalle para evaluar los primeros daños. «Nos dejaron más o menos tranquilos aunque no nos creíamos todo». A primera hora de aquella tarde de domingo se convocó a todos los trabajadores de Campofrío en una improvisada reunión en la Casa de Cultura de Gamonal en la que no cabía ni un alma.
«Yo supe desde el primer día que la planta se iba a construir en Burgos porque así me lo hizo llegar el presidente Ballvé», agrega Sancho.
«Si nos llegan a decir aquel domingo que un mes después de un incendio que duró doce días iban a estar las máquinas trabajando en el desescombro no lo hubiéramos creído», apostilla el primer edil. «Hay un trabajo nunca contado que no se puede pasar por alto: el que realizó el presidente Herrera. Estuvo días y días con la empresa y los ministerios y ésto no lo conoce la opinión pública. Otros hemos puesto la cara y él que hizo un trabajo discreto y tenaz fue él», declara Lacalle. «Su trabajo fue clave para cerrar las ayudas y para agilizarlo todo».
Mientras se daban los primeros pasos para la Nueva Bureba, se producían las primeras recolocaciones y de forma paralela se gestionó un Expediente de Regulación Temporal de Empleo para asegurar la supervivencia de la ‘familia Campofrío’ en Burgos. En total, de los 891 puestos directos de La Bureba, apenas tres días después de la tragedia se había conseguido recolocar al 13 por ciento, 118 trabajadores. Hoy en día hay 159 empleados distribuidos en las plantas de Madrid, Torrente (Valencia), Ólvega (Soria) y Torrijos (Toledo), además de en el matadero de Carnes Selectas de la capital burgalesa. Los primeros, el 9 de diciembre en Ólvega (Soria).
Ese sentimiento de «unidad y de ayuda» es precisamente el que destaca el presidente de la patronal burgalesa, Miguel Ángel Benavente, que coincide con Manzano al alabar el papel jugado por los responsables de Campofrío en la peor crisis de su historia. «Fuimos todos a una, empresarios, patronal y los trabajadores y eso es para reseñar», entiende el presidente de la Confederación de Asociaciones Empresariales de Burgos.
El futuro
Quizás la imagen que mejor refleja esa unidad es la que plasmó el pasado mes de septiembre cuando toda la plantilla acudió al terreno que otrora fuera su puesto de trabajo para ser partícipes de la colocación de la primera piedra de La Nueva Bureba. Bajo ese paraguas, el equipo de comunicación de Campofrío decidió abrir un blog en el que narrar ‘el nacimiento’ de la nueva planta. Una idea que se puso en marcha justo el día en el que se colocó la primera piedra de la factoría. Pilar Larrea, directora de comunicación externa de Campofrío Foodgroup, considera que con la apertura de este blog permite a toda la plantilla y a la sociedad conocer el “día a día de la obra” al tiempo que sirve de estímulo a toda la familia Campofrío que es partícipe de la construcción de la que será la planta más moderna de Europa. Este canal de comunicación (www.fabricadeburgoscampofrio.com) ofrece una “actualización” de todo el desarrollo hasta que concluya el proceso de fabricación, estimado para noviembre de 2016.
El último artículo que aparece colgado en el blog es precisamente el que informa de la marcha de las obras y de la presentación en elAyuntamiento del proyecto global de la Nueva Bureba. Fuentes de la empresa confían en que, de acuerdo a los compromisos acordados, «se concedan todas las autorizaciones a la mayor brevedad con el objetivo de seguir avanzando y cumplir los plazos de entrega de la obra».