SANIDAD
La enfermedad de Huntington incrementa el riesgo nutricional
La neuróloga Esther Cubo lidera en el HUBU un estudio para detectar carencias y definir intervenciones de mejora que puedan extrapolarse a otras patologías neurodegenerativas
Un año nuevo y otro proyecto entre manos. Así afronta 2016 Esther Cubo, neuróloga del Hospital Universitario de Burgos. Y es que en el ejercicio recién estrenado iniciará de la mano de Jéssica Rivadeneyra, titulada en Ciencia y Tecnología de los Alimentos y Nutrición Humana, una investigación para definir un método de cribaje que permita detectar de forma precoz el riesgo de déficit nutricional en pacientes con enfermedad de Huntington. Aspiran así a desarrollar intervenciones que mejoren la calidad de vida de los afectados.
La Junta de Castilla y León financia este estudio, que contará además con el asesoramiento del Servicio de Endocrinología del complejo burgalés.
El trabajo es fruto de otros previos cuyas conclusiones ponían el acento en las carencias alimentarias que Cubo y Rivadeneyra tratan de destapar. «Se trata de una línea de investigación iniciada en 2012 con un estudio nacional multicéntrico en el que se valoraba la ingesta de estos pacientes y que arrojó diferencias con otros países. En ese marco se promovía también un estudio sobre la adherencia a la dieta mediterránea, que es un factor de protección, y una tesis doctoral, liderada por Cecilia Gil Polo, sobre el balance energético en la enfermedad de Huntington», relata Cubo.
A partir de los datos obtenidos en los estos análisis, las dos especialistas confían en validar herramientas concretas que permitan establecer un modelo de valoración ambulatoria del estado nutricional de estos casos. «Queremos que sirva no solo para detectar déficit, si no también para atajar problemas de sobrepeso y obesidad, que los hay, tal y como confirman las investigaciones ya realizadas», explica Rivadeneyra. La intención es que el modelo sea extrapolable a otras enfermedades neurológicas que, al igual que la de Huntington, condicionan la alimentación.
En el caso de la patología elegida como objeto de estudio una carencia nutricional «puede acarrear un agravamiento de la propia enfermedad o un aceleramiento de la degeneración», indica Cubo, para precisar que las dificultades para deglutir que padecen estos pacientes y el mayor gasto energético derivado de la presencia de movimientos involuntarios incrementan el riesgo.
No obstante, ambas inciden en que «la consecuencia no es necesariamente una disminución del peso» pues no se trata tanto de comer menos, si no de una «mala calidad de la ingesta». De ahí que la preocupación se extienda también a la obesidad. Y este es, de hecho, un rasgo diferenciador de esta realidad en España, frente a lo que ocurre en otros países europeos. Así lo demostraba el mencionado estudio multicéntrico, que apuntaba a la dieta mediterránea y a los hábitos que la rodean -ejercicio físico, presencia de la familia y amigos...- como elemento beneficioso.
GUÍA INTERNACIONAL
Con todo, más allá de dar forma al modelo ‘perseguido’ y, de paso, elaborar una guía nutricional para este tipo de pacientes, en colaboración con el Centro de Enfermedades Raras, el objetivo del proyecto de Cubo y Rivadeneyra es más ambicioso pues, con su alianza, pretenden sumar un nuevo argumento para reivindicar la importancia de un abordaje multidisciplinar de las enfermedades neurodegenerativas.
«De hecho, la Junta destacaba la importancia de este empeño cuando nos confirmó su apoyo», apunta la neuróloga y, aunque reconoce que la atención ya camina hacia ese ideal, lamenta que «aún es una forma de trabajar que no está contemplada formalmente». «Es cierto que yo puedo derivar pacientes a otros servicios pero no hay todavía equipos con distintos especialistas ni protocolos definidos para prestar la asistencia integral necesaria en estos casos. La investigación es hoy en día una vía para ofrecer esta atención», indica.
Por tanto, la valoración global y el respaldo que prestan a los pacientes la Enfermería y las asociaciones de afectados para adquirir hábitos saludables se revelan «fundamentales» en enfermedades neurodegenerativas «que de momento carecen de cura».
Ese es el horizonte de un camino que se iniciará con un análisis de marcadores biológicos, composición corporal, pérdida de masa muscular y fuerza y la cantidad y calidad de la ingesta, antes y después de introducir pautas de mejora.