El Correo de Burgos

San Cristóbal se alía con San Antón para vivir la matanza

Alrededor de 1.500 personas degustaron morcilla, picadillo y careta recién elaborado

La fiesta de la matanza en el barrio de San Cristóbal reunió ayer a decenas de personas que disfrutaron de los manjares del cerdo.-ISRAEL L. MURILLO

La fiesta de la matanza en el barrio de San Cristóbal reunió ayer a decenas de personas que disfrutaron de los manjares del cerdo.-ISRAEL L. MURILLO

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N. E. BURGOS
Burgos

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El olor de las brasas se percibía ayer en el barrio de San Cristóbal desde bien temprano. Un aroma característico y que indica que algo se cuece al calor de la leña. Ni más ni menos que ocho imponentes calderas con capacidad para 120 kilos humeaban a fuego lento para preparar el rico manjar de esta tierra que es la morcilla. Hasta 900 morcillas y, junto a ellas, varias cazuelas con otros 200 kilos de picadillo y las brasas donde se asaban 150 caretas de cerdo. Todo ello para celebrar la tradición de la matanza del cerdo.

La cofradía de San Antón del barrio de San Cristóbal con apenas ocho socios y un puñado de fieles colaboradores organizó esta cita con la misma ilusión con que la que lo lleva haciendo de manera ininterrumpida desde 1985. Así lo explicaban el socio fundador y presidente, José Antonio Esteban, y el vicepresidente, Mariano Aguado, que destacaban que esta es una cita capaz de atraer alrededor de 1.500 personas. Ayer se volvieron a cumplir todas las previsiones y el público no faltó a la cita para degustar los ricos manjares del cerdo.

Hacia las 13.15 horas los primeros comensales comenzaban a hacer fila para no perderse un rico pincho en una jornada soleada y templada de finales de enero. «Hemos visto las previsiones del tiempo y este año tenemos más morcillas porque esperamos más gente», explicaba Aguado, mientras daba vueltas al picadillo en la cazuela.

Por su parte, el presidente de la cofradía recordaba como surgió esta cita allá por 1985. «Un día en el bar Vicente nos juntamos tres o cuatro vecinos y pensamos que había que hacer algo visto el éxito de Los Titos en Gamonal», explica. «Al día siguiente nos fuimos a comprar un cochino, 80 kilos pesaba, y de ahí surgió esta fiesta de la matanza que no ha dejado de celebrarse en todos estos años», añade José Antonio, que destaca que estos son días de mucho trabajo y echa en falta un relevo generacional para ayudar en la Cofradía de San Antón.

El cochino de este 2016 pesó 196 kilos. «Ahí es nada, pero les ha habido más grandes, de más de 300 kilos», aseguraba. Con este ejemplar comenzaron a trabajar en la matanza el viernes, al más puro estilo castellano. Se vacía, se chamusca y el sábado se despieza, se pica la carne, se pone el adobo y ya el domingo todo va a la cazuela. Además, el jueves comenzaron a picar cebolla para elaborar las morcillas caseras que ayer cocían en las calderas. Con el pan de Villiga se completa la degustación de los productos del cerdo.

La de ayer fue una cita de éxito como demuestra las cientos de personas que se acercaron a la fiesta ya que las buenas temperaturas animaban a disfrutar de la comida y de los rayos de sol.

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