Emigrantes burgaleses. Dos testimonios

Elena posa junto a un monumento en Postdam-ECB
ELENA GARCÍA / ALEMANIA
«Una vez sales de tu país, el lugar no importa mientras haya trabajo»
Elena García, 30 años, es licenciada en Periodismo. Estuvo trabajando ‘de lo suyo’ en diferentes provincias, incluida Burgos, hasta el año 2011. «No me renovaron mi contrato y, además, sentí que cada vez se hacía un periodismo más politizado, sin hablar de lo mal pagada que está esta profesión, con contratos temporales que no llevan a nada, estás pendiente de una vida a corto plazo, nada a futuro».
De Elena decidió marcharse a Alemania, «también pensé en Reino Unido, pero me echó para atrás pensar que estaría lleno de españoles aprendiendo inglés y una mayor competencia para encontrar trabajo, por eso aposté por alemán». Antes de emprender el viaje, se preparó a fondo. «Hice un curso de alemán y realicé un viaje previo a Düsseldorf de dos meses para mejorar el idioma en otro curso de 5 horas diarias y conocer el país antes de tomar una decisión, me gustó y decidí venirme».
El paso definitivo lo dio en enero de 2013 cuando se marchó de nuevo a Düsseldorf. Asegura que lo más complicado de irse es «el sentimiento de estar dejando atrás todo, tus amigos, tu lengua, tus costumbres, la comida, pero, lo que más cuesta es dejar a tu familia, yo me fui con mucha ilusión y mucha energía, pero nunca sabes cómo te va a ir, ni cuándo vas a volver».
El inicio fue complicado porque «toda la gente que había conocido en aquel viaje de dos meses ya no estaba y, en ese momento, me tocaba empezar de cero, además no te desenvuelves del todo bien con el idioma y todo cuesta mucho más, a ello hay que sumar la soledad». Se apuntó a la misma academia para seguir perfeccionando el idioma y así conseguir el nivel necesario para trabajar.
Su primer empleo fue «como niñera de un niño de dos años, al que su madre, además de que le cuidara, quería que le enseñara español, era un trabajo duro y mal pagado, pero estaba contenta» porque fue en ese momento cuando esta burgalesa se dio cuenta de que la docencia podía ser su futuro. «Pensé que podía prepararme para ser profesora de español en Alemania, me gustaba lo que hacía». Asegura que el problema de algunos españoles es que «sin saber el idioma, a pesa de tener un título universitario, creen que pueden exigir el mejor empleo».
Estuvo en Düsseldorf hasta abril de 2014, trabajando en diversas academias como profesora de español y donde además de seguir formándose, conoció a quien hoy es su pareja. «Jens y yo decidimos irnos a otra ciudad porque el había conseguido un trabajo mejor y, en Frankfurt, conseguí mi título de profesora de español como lengua extranjera del Instituto Cervantes, empecé a trabajar también en academias, poco después en la Escuela de Idiomas y en clases particulares».
Elena explica que «una vez sales de tu país, mientras haya trabajo, el lugar no importa, hay que seguir hacia adelante y encontrar tu sitio». Si tiene que destacar algo de Alemania es que «si te lo ‘curras’ y hablas el idioma, puedes encontrar un buen trabajo, bien pagado y en el que te valoran», y que «la gente hace lo que compromete». Por contra, «no me gusta que sean tan serios y cerrados al principio» y que «no pillan nuestras bromas, tienen un humor muy distinto».
Asegura que no se ha planteado volver al periodismo, «la docencia me hace feliz y me valoran mucho». En un futuro sueña con tener su propia academia en Alemania y explica que «a quien piense en emigrar le diría que no es una decisión fácil y que valore todo muy bien».
NATALIA GIL / IRLANDA
«Inicié esta etapa hace año y medio, aún me queda mucho por recorrer»
Después de licenciarse en dos carreras relacionadas con educación, probar suerte con las oposiciones e iniciar una búsqueda de empleo sin suerte alguna, Natalia Gil- 26 años- decidió marcharse a Irlanda. «Pensé que la mejor opción era ampliar y mejorar mis conocimientos en inglés, sobre todo ahora que se está apostando por una educación bilingüista en muchas escuelas». Eligió Irlanda por su cercanía y porque «culturalmente y en cuanto a la forma de ser, los irlandeses se parecen mucho a los españoles».
Llegó a Irlanda un 17 de septiembre de 2014, con un trabajo de au pair que había gestionado desde España. «Busqué un trabajo que fuera compatible con el estudio del inglés, y esa era la mejor opción, aunque tuve muchas dudas, gracias a foros y a páginas relacionadas con el mundo au pair pude prepararme para esta nueva etapa». Para Natalia, lo más complicado de dejar atrás su Burgos natal fue decir adiós a amigos y familia. «Fue mucho más duro de lo que creía aunque gracias a las redes sociales las distancias se hacen más cortas y la comunicación es prácticamente diaria».
Los inicios de esta nueva etapa los resume con una palabra, «perfectos» y es que «tuve una acogida muy buena por parte de la familia irlandesa, me trataron como a una más y, además, conocí a otras au pairs con la que compartí la misma experiencia, todas atravesábamos, en mayor o menor medida, las mismas situaciones, así que todo se hace mas llevadero gracias al sentimiento mutuo de empatía, se convirtieron en una segunda familia para mí». Después de trabajar como au pair durante un año y «una mejora considerable en mi inglés, decidí salir de mi zona de confort e ir mas allá y en verano comencé a buscar trabajo en guarderías». La buena noticia llegó el pasado mes de septiembre. «Me contrataron como ‘early years educator’ en una guardería en Kildare». Durante ese año, «también conocí a quien hoy es mi pareja, dos motivos más que suficientes para prolongar esta etapa en Irlanda y que, a buen seguro, hará que me quede durante una larga temporada».
Destaca de Irlanda y de sus gentes, «paisajes y rincones mágicos, llenos de historia y su enorme cultura musical». Pero no hay luces sin sombras. «Lo peor, sin duda, la sanidad, a parte de cara, la calidad deja un poco que desear» y «el tiempo, a pesar de venir de una ciudad de frío, no termino de acostumbrarme a la constante lluvia y a los cambios bruscos».
Asegura que si le ofrecieran un trabajo en España como profesora «agradecería la oportunidad pero la rechazaría, esta etapa la comencé hace un año y medio y creo que me queda mucho por recorrer y aprender» y es que su futuro pasa por «trabajar un par de años más como profesora en guarderías y empezar a distancia un máster en formación de profesor de español como segunda lengua».
Desde su experiencia explica que «no todas son iguales, las habrá mejores o peores, pero es fundamental la actitud con la que la afrontes. Es una decisión importante que te marca para siempre, te ayuda a crecer como persona porque salir de tu área de confort puede parecer arriesgado pero cuando ves que eres capaz de hacerlo, te da las fuerzas suficientes para afrontar la vida».