El Correo de Burgos

TRIBUNALES

El exjefe de ETA se niega a declarar por el atentado contra la Casa Cuartel

Las autoridades francesas entregaron de forma temporal a Mikel Carrera

Burgos

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El exjefe de ETA Mikel Carrera Sarobe, alias ‘Ata’, se negó a declarar ayer ante el juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu por su participación en el atentado perpetrado en julio de 2009 contra la Casa Cuartel de la Guardia Civil en Burgos, que causó 46 heridos leves e importantes daños en el edificio en el que en ese momento había 42 hombres, 35 mujeres y 41 niños, según informaron fuentes jurídicas. Las autoridades francesas le entregaron este martes de forma temporal.

En diciembre de 2013, la Audiencia Nacional condenó a los etarras Daniel Pastor Alonso, Íñigo Zapirain Romano y Beatriz Etxebarria Caballero a un total de 11.580 años de cárcel por el atentado contra la Casa Cuartel de la Guardia Civil. La Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional los consideró culpables de 160 delitos de intento de asesinato, por los que les condenó a 3.840 años a cada uno, más de un delito de estragos con finalidad terrorista, por el que se les imponen 20 años a cada uno.

El tribunal les imponía indemnizaciones a las víctimas que superan los 11,8 millones de euros por las secuelas físicas y psicológicas del atentado. La Audiencia Nacional estableció una relación de 160 víctimas, después de haber sumado a las 145 que relacionaba la Fiscalía a algunas de las acusaciones particulares. Los tres viajaron a Burgos para recopilar información sobre el lugar donde iban a colocar una furgoneta con explosivos y sobre matrículas de vehículos de este tipo que transmitieron al responsable en Francia con la idea de fabricar placas de matrícula ‘dobladas’. Viajaron a Francia, donde una cuarta persona les facilitó una furgoneta de la marca Mercedes Vito de color verde que había sido robada en la localidad francesa de Pevrat Le Chateau en abril de 2009. Después se desplazaron a Álava, donde pintaron la furgoneta de color blanco y Daniel Pastor colocó unas placas de matrícula que coincidían con las de una furgoneta idéntica propiedad de un vecino de Burgos que solía aparcar en las traseras de la Casa Cuartel.

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