El Correo de Burgos

Oración en memoria de las víctimas del terrorismo

El Rosario Penitencial Obrero se encomienda a la «gran familia burgalesa»

Jesús Atado a la Columna volvió a pasear por las calles de la zona sur de la capital.-ISRAEL L. MURILLO

Jesús Atado a la Columna volvió a pasear por las calles de la zona sur de la capital.-ISRAEL L. MURILLO

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D.S.M. / Burgos
Burgos

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Por si las moscas, más de uno miraba de reojo al cielo minutos antes de su inicio. Parecía complicado que la dichosa lluvia, tan presente otros años, hiciese acto de inesperada aparición. Por fortuna, se cumplieron los pronósticos meteorológicos y el sol se mantuvo ingobernable hasta su ocaso para que la noche recibiese al Rosario Penitencial Obrero, cuyos fieles ya habían tomado posiciones en la calle Concepción 15 minutos antes de la hora de salida.Con puntualidad británica y solemnidad cristiana iniciaban el recorrido los integrantes de la Cofradía de la Santa Columna desde la sede del Círculo Católico de Obreros. La precisión milimétrica de los tambores, los cantos sacros y la narración por megáfono de los misterios dolorosos de Jesucristo -oración en el huerto, flagelación, coronación de espinas, camino con la cruz a cuestas hasta el monte Calvario y crucifixión- arroparon una vez más al Santo Sudario seguido de Jesús Atado a la Columna, réplica de una de las obras cumbre de Diego de Siloé.La comitiva, formada por fieles de todas las edades, estuvo acompañada por decenas de vecinos de la zona sur, turistas que inmortalizaban cada instante y miembros de otras cofradías que no dudan en sumarse, año tras año, a una procesión tan añeja como sentida para los creyentes en Burgos. El fervor de cada asistente se adivinaba en su rostro con independencia del gesto, ya fuese más o menos serio y contemplativo.La comunión en torno a las últimas escenas de Jesús en la Tierra y la capacidad de empatizar con el dolor ajeno se palpaban en el ambiente. Sobre todo cuando las reflexiones que acompañaban a cada misterio invitaban a rezar por la «gran familia burgalesa», en especial por quienes sufren «problemas sociales, personales y económicos».Sin lugar a dudas, el momento más emocionante de este ritual religioso tuvo lugar después de rememorar los latigazos del Mesías antes de su crucifixión, pues tal y como esgrimió el narrador, la imagen del Cristo flagelado se corresponde hoy en día con el mal que padecen «las víctimas del terrorismo». En ese preciso instante, aunque sin citarlo, el imaginario colectivo estaba de luto por atentado de Bruselas.Aparte de difundir proclamas de apoyo a quienes peor lo están pasando hoy en día, la ‘voz’ de la procesión también se hizo eco de la «persecución y burla» que han sufrido los cristianos a lo largo de la historia. En este sentido, aseguró que el «reino de Dios» siempre se sitúa «donde están el amor y la justicia».

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