SANIDAD
El cribado de cáncer colorrectal dispara las cirugías a 300 al año
El avance de las técnicas laparoscópicas en el HUBU, como el novedoso abordaje por doble vía del tumor de recto, facilita atajar lesiones de complicado acceso y mejora la recuperación

-ISRAEL L. MURILLO
La implantación del programa de cribado de cáncer de colon se ha traducido en un incremento notable de los casos detectados. Y esa realidad, afortunada en términos generales pues propicia un diagnóstico temprano de esta patología, tiene un impacto directo en la actividad quirúrgica de la unidad de Coloproctología del Servicio de Digestivo del Hospital Universitario de Burgos, que ya interviene 300 pacientes al año por esta causa. Así, tumores y pólipos de colon (lesiones consideradas precancerosas) copan el quirófano del que este área dispone a diario, al que se suma otro en algunas jornadas. «Son casos prioritarios», explica el cirujano Miguel Ángel Álvarez.
A ellos se añade otro importante volumen de patologías benignas, tales como hemorroides, fisuras, fístulas, dolencias intestinales o prolapsos de recto, que, al no suponer un riesgo para el paciente más allá de las molestias que generan, se encajan en los huecos de tan apretada agenda quirúrgica. Ceden el paso así a casos que, gracias a la pronta detección obtienen una respuesta inmediata para incrementar las posibilidades de curación.
En este ámbito las técnicas laparoscópicas de las que el HUBU es punta de lanza tienen especial protagonismo. De hecho, «la mitad de la patología de colon se opera mediante estos procedimientos de cirugía mínimamente invasiva». Y subiendo, porque el empeño de los profesionales que trabajan en la unidad es incorporar aquellas novedades que mejoren la calidad de vida del paciente.
En este sentido, Álvarez destaca el reciente abordaje «por doble vía» de aquellos tumores de recto alojados cerca del ano, de difícil acceso. Esta compleja técnica implica un ‘ataque’ simultáneo desde el recto y el abdomen que propicia alcanzar el objetivo sin necesidad de realizar colostomías -aberturas abdominales que ‘desvían’ las heces hacia una bolsa exterior- y eleva la posibilidades de conservar el ano. «En definitiva, las ventajas para el paciente son notables», explica el coloproctólogo, aunque recuerda que son casos muy específicos los que pueden beneficiarse.
«Es una intervención compleja que une el acceso anal y la laparoscopia abdominal. Requiere la participación de cuatro cirujanos con gran preparación pues deben coordinarse a la perfección», detalla.
La primera cirugía de estas características se realizó en octubre y Álvarez estima que llegarán a 20 intervenciones al año. Casos que hasta ahora se sometían a operaciones «muy complicadas» seguidas por peliagudos postoperatorios.
Este avance se añade a otros que hacen que la coloproctología sea «posiblemente» el área en el que más impacto tienen las técnicas poco invasivas y en el que más ha cambiado la forma de trabajar.
«Hasta hace quince años todas las cirugías eran abiertas», señala Álvarez. El empeño por estar al día de los profesionales del servicio burgalés se traduce en la permanente búsqueda de nuevos procedimientos y, por extensión, en una formación continuada en este campo.
Mención especial merece en este punto la también reciente apuesta por la técnica NOSE, en la que los tumores de colon -siempre que sean pequeños e iniciales- se extirpan por laparoscopia y se sacan por vía anal. El cirujano José Felipe Reoyo señala que el HUBU ronda los 20 casos intervenidos con este procedimiento que supone un paso más «pues elude incluso las heridas quirúrgicas que precisa la extracción».
A estos ejemplos se suma también la ya consolidada cirugía por puerto único, en la que se trabaja a través de una sola incisión umbilical, indicada para apéndices y resecciones de colon.
Así, en la actualidad la laparoscopia «es una forma más de trabajar» en el complejo burgalés que se utiliza, siempre que el caso lo permita, con la mirada puesta en una mejor recuperación. Es su principal virtud pero hay otras nada desdeñables. «Hay estudios que apuntan a beneficios añadidos en pacientes oncológicos pues al ser una técnica más certera evita complicaciones en personas inmunodeprimidas y reduce los movimientos que pueden contribuir a esparcir células tumorales», apostilla Álvarez.