El Correo de Burgos

Trotaburgos / Quintanar de las Sierra

Historia y naturaleza en la Demanda

Su rico patrimonio monumental y paisajístico la convierten en un destino obligatorio en la zona sureste de la provincia

La necrópolis de Cuyacabras es la más extensa y variada-ECB

La necrópolis de Cuyacabras es la más extensa y variada-ECB

Burgos

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En el corazón de la Demanda, enclavada en la ladera sur de la sierra de Neila y a más de 1.100 de altitud, se yergue orgullosa la villa de Quintanar de la Sierra. Entre altos montes y verdes pinares se despliega un conjunto arquitectónico de típicas casas pinariegas con originales portadas y chimeneas cónicas, herencia de la antigua y provechosa industria de las carretas, ya que fue centro importante de la Real Cabaña de Carreteros.

Y es que la principal ocupación de los vecinos de la villa hasta el siglo XIX fue el transporte con carros de bueyes. La pérdida de importancia de esta actividad supuso la emigración de muchos vecinos a otros lugares. En la actualidad, la explotación de pinos, hayas y robles ha provocado un crecimiento de su población y un aumento de su calidad de vida.

El municipio se alza en una loma situada entre los valles de los ríos Arlanza y Rebanares. Para bucear en sus orígenes hay que remontarse a los celtíberos, concretamente a la tribu de los pelendones. Pastores, ganaderos, cazadores y pescadores fueron los primeros pobladores de estas tierras donde, además, se han hallado necrópolis de la Alta Edad Media.

Quintanar y sus alrededores cuentan con un rico patrimonio histórico-cultural y paisajístico. En el casco urbano de la localidad destacan la Iglesia de San Cristóbal, levantada en el año 1630, sobre los restos de un antiguo templo visigodo, conservando varios retablos y una pila bautismal medieval; y la ermita de Nuestra Señora de la Guía, que data del siglo XV al XVIII y cuenta en su interior con una valiosa imagen gótica de la virgen y un interesante retablo.

En sus alrededores se encuentran valiosísimas yacimientos arqueológicos y eremitorios altomedievales, que se conservan en poblados de gran interés y constituyen un rico patrimonio cultural, verdadero paradigma de la arqueología burgalesa y considerados como auténticos tesoros.

Su elevado atractivo turístico emana tanto del interés de los yacimientos en sí, como del gran valor ecológico y medioambiental de los parajes en los que se integra. Destacan por su innegable valor histórico la necrópolis de Revenga, yacimiento que se localiza a unos 300 metros de la ermita del mismo nombre, en un promontorio rocoso, y comprende una necrópolis de unos 2.000 metros cuadrados formada por 139 tumbas de distintos tipos y tamaños. Su peculiaridad radica en la pila bautismal, labrada en lo alto de la roca, donde estaba la iglesia.

O la de Cuyacabras, la necrópolis más grande, monumental y variada. Está situada en un promontorio de roca arenisca entre el río Torralba y el barranco de Peñas Corvillas. Se compone de una iglesia semirrupestre y una extensa necrópolis, delimitada en parte por una cerca y formada por 183 sepulturas excavadas en la roca.

También destacan por su valor el eremitorio de Eremitorio de Cueva Andrés, fechado en el siglo X, y los restos del eremitorio rupestre de La Cerca, al que se accede continuando por la misma pista que nos lleva a las tumbas de Revenga.

En Quintanar y sus alrededores, hay enormes masas forestales rodeadas por impresionantes montañas, que arropan en su interior plácidas lagunas, estrechos cañones, y alegres y riachuelos de aguas cristalinas. Los aficionados a la montaña y a la naturaleza, pueden disfrutar de parajes de singular belleza, de aire puro, árboles centenarios, fauna silvestre y las aguas saltarinas que forman pequeñas cascadas.

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