Los órganos preservados de La Pedraja revelan que hubo torturas
Las conclusiones científicas de Fernando Serrulla y Francisco Etxeberría de las excavaciones de 2010 en el que se hallaron 45 cerebros y un corazón casi intactos se publican en una revista inglesa

El equipo de Francisco Etxeberría, en 2010, trabajando con sumo cuidado en la primera fosa que se abrió en La Pedraja en 2010 donde se encontraron los órganos preservados.-SANTI OTERO
Los estudios científicos de los órganos humanos -un corazón y 45 cerebros- que se encontraron en 2010 casi intactos en las exhumaciones de las dos fosas comunes de La Pedraja, que albergaban hasta 104 cadáveres de personas asesinadas en la Guerra Civil española de La Pedraja, revelan que sufrieron torturas antes de ser fusilados.
Así lo destacó ayer el representante legal de la Agrupación de familiares de las personas asesinadas en los montes de La Pedraja, Miguel Ángel Martínez Movilla, a este periódico al destacar el «impulso» y el «reconocimiento de que aquello existió» que supone la publicación este mes de agosto en una revista inglesa, Science and Justice, de las conclusiones de aquella primera campaña de excavaciones dirigida por el forense y presidente de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, Francisco Etxeberría.
Ocho décadas después de que ocurrieran los fusilamientos, los avances tecnológicos y la ciencia han podido determinar que en alguno de los cerebros conservados «se observan derrames internos», explica Martínez. Esto significa que «hubo un maltrato, porque si hubiera sido posmortem no existirían esos derrames».
Es una de las novedades que supone este estudio publicado en la revista inglesa. «La ciencia con sus medios está probando el maltrato y las torturas 80 años después», insiste.
El análisis y el estudio con nuevas técnicas científicas de los cerebros y el corazón que se encontraron y que han permanecido tan bien conservados responde a que los terrenos donde fueron asesinadas estas personas, son muy arcillosos muy ácidos, donde había abundancia de agua «y por el agujero que produjo las balas entró el agua e impidió la entrada de las bacterias. Fue el agua la que produjo la preservación del cerebro y una saponificación, es decir, lo convirtió en jabón».
«Gracias a la ciencia hemos podido demostrar que aquellos hechos ocurrieron y que hubo responsables directos», recuerda Miguel Ángel Martínez.
Dos de esos 45 cerebros «conservan la bala dentro». Y el cerebro número 11 es el que confirma que tenía una «hemorragia submoidea producida por golpes antes de su muerte».
Fue en el verano de 2010 cuando se llevó a cabo la apertura de una de la primera fosa localizada de la Guerra Civil en el Alto de La Pedraja, que había sido documentada gracias a testigos y estudiosos, aunque de difícil localización por encontrarse en un paraje que había sufrido diversas reforestaciones. La fosa contenía restos humanos de 104 personas fusiladas en el otoño de 1936. A pesar del mal estado de conservación, se hallaron ropas que ayudaron a la identificación de alguno de los cuerpos. Pero la mayor sorpresa fue el hallazgo de de 45 cerebros y un corazón «todos reducidos de tamaño aproximadamente a 1/6 de su tamaño normal», explicaban los primeros estudios preliminares de los que se hicieron eco la Revista Española de Medicina Legal en marzo de 2015.
Desde su hallazgo se iniciaron los estudios -que forman parte de una tesis doctoral del también forense Fernando Serrulla, quien junto con Etxeberría analizaron minuciosamente estos restos, cuyas conclusiones salen ahora a la luz en la revista inglesa.
Pero el informe va más allá, porque apunta la necesidad de dotar a este tipo de excavaciones con recursos económicos y científicos para arrojar «luz y claridad» a lo que sucedió hace 80 años y exhumar los cadáveres en las fosas comunes existentes o por descubrir. Un estímulo que valora Martínez y reflexiona sobre la «proporcionalidad de las cosas». En este sentido plantea los recursos que tiene Atapuerca «a 10 kilómetros de La Pedraja y que hay que hacerlo, está muy bien, pero también nosotros queremos recuperar a nuestros seres queridos y este Gobierno no nos ha apoyado ni económica ni moralmente», se lamenta. «Es un hecho que ocurrió, no se puede negar y este estudio lo ratifica», concluye.
El abuelo de Miguel Ángel Martínez, contratista de obra pública que construyó carreteras y puentes en la provincia, fue fusilado y arrojado en una fosa común en La Pedraja.