Recuerdos en movimiento, el mejor homenaje al pasado
Lorenzo Arribas Jorge recupera películas y documentales rodados en Burgos y Pradoluengo entre 1930 y 1980

La Casa del Cordón tras las inundaciones.-ECB
Por iniciativa de la firma Prado Segur-Axa y gracias al empeño de Lorenzo Arribas Jorge, en el plazo de pocas semanas se publicará la recuperación digital de varias películas antiguas que tratan sobre la inundación de Burgos de 1930, así como sobre aspectos de la vida social y festiva de la Villa Textil entre las décadas de los 40 y los 80.Según informa el historiador Juan José Martín, entre los especialistas nadie conocía la existencia de una película sobre las inundaciones de Burgos del 5 de junio de 1930. Un desconocimiento asombroso, ya que el fenómeno fue profusamente documentado y fotografiado, como corresponde a una catástrofe de aquellas dimensiones. La anegación de garajes y locales, causó pérdidas «por valor de miles de duros». Así lo reflejaba la prensa de la época, pues toda la ciudad se vio superada ante la fuerza desatada de la Naturaleza. Cuando tras la muerte de su padre, los hijos del pradoluenguino Lorenzo Martínez San Román, entregaron «un cajón con varios rollos de películas viejas» a Lorenzo Arribas, este se encontró con una sorpresa tras otra.Es probable que las imágenes se tomasen al día siguiente de la inundación. Los vecinos salen fisgoneando a los balcones de sus casas, observando con asombro los movimientos de las barcas que «navegaban» literalmente por la Plaza Mayor como si de una auténtica Venecia castellana se tratase. Que la película acabase en manos de Lorenzo Martínez entra dentro de la lógica.Perteneciente a una familia de músicos, su hermano Luis ejerció durante décadas como director de la banda municipal y en su casa eran habituales las cámaras fotográficas, el coleccionismo y la expresión de distintas ramas de la cultura.Tanto es así, que el propio Lorenzo fue el artífice de la película La Boda, rodada en Pradoluengo en 1948, la primera de otras cintas recuperadas. Aunque existen centenares de fotografías de estas décadas, disfrutar de sus protagonistas en movimiento nos introduce en otra dimensión, a medio camino entre lo surrealista y lo tangible. Las imágenes de la localidad, en esa época indefinida alrededor de los años 40, tienen un solo calificativo: son espectaculares. El cámara filma un pueblo íntimo, cercano a la gente sencilla, asombrosamente genuino. Las mulas tirando de carros repletos de mercancías, los pequeños detalles, el trajín diario, los antiguos tintes y fábricas de boinas y calcetines, las calles empedradas y, sobre todo, las gentes del pueblo.Los más viejos del lugar reconocerán en estas películas a sus abuelos, a personajes singulares, a gentes cargadas de trabajos y afanes, como los primeros planos del simpar ‘Jodiola’, autor de multitud de chascarrillos, o las caras de otros tipos del paisanaje local, que nos muestran un Pradoluengo desaparecido pero auténtico, al ciento por ciento. Lo mismo cabe decir de la selección realizada de centenares de horas de las filmaciones del desaparecido comerciante Alfonso Lozano, que muestran una sorpresa tras otra de esta pequeña sociedad, desde comuniones hasta pasacalles de fiestas, pasando por nevadas espectaculares, hilaturas hoy desaparecidas o actuaciones dominicales de la banda municipal. Todo un lujo para los amantes de nuestro pasado, tan cercano y tan lejano a la vez.