De Pradoluengo a Grecia para prestar apoyo a los refugiados
Irene Sáiz, impulsora de la iniciativa ‘Calcetín Solidario’, regresa del campamento de Ritsona

Sáiz también llevó calcetines para regalar en el campamento.-CALCETÍN SOLIDARIO
La solidaridad salta por encima de cualquier muro, concertinas incluidas, cuando la empatía fluye. Las fronteras se difuminan y las diferencias culturales, lejos de separarnos, conforman un crisol que saca a relucir lo mejor de las personas. Cualquier gesto, por nimio que parezca, puede transformar llantos en sonrisas, aligerar los dramas de la vida e inculcar esperanza en los corazones desolados. Puede estas acciones apenas sean perceptibles a escala global, pero ahí están. Y quien recibe ayuda en los malos tiempos responde con amor y agradecimiento eterno.Irene Sáiz, de Pradoluengo, ejemplifica a la perfección la célebre frase de Eduardo Galeano: «mucha gente pequeña en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo». Se le encogía el alma con la guerra en Siria y los miles de refugiados que huyen de la muerte y a los que Europa cierra sus puertas.Decidió tomar cartas en el asunto y aportar su granito de arena. Tenía clara su intención de viajar al campo de refugiados de Ritsona (Grecia), pero no quiso ir con las manos vacías. Entonces diseñó el plan perfecto: vender calcetines de su tierra, famosos en toda España, con el fin de financiar almuerzos escolares para los niños y niñas menores de 12 años que cada día se desplazan a la ciudad más cercana para continuar con sus estudios.Cuando este periódico contactó con Sáiz cuatro días antes de su partida, estimaba una recaudación de 10.000 euros gracias a la colaboración de sus paisanos -de Pradoluengo y del resto de la provincia- y la onda expansiva de las redes sociales, cuyo efecto llamada se propagó con rapidez por toda España.Anduvo algo desencaminada en sus cálculos, pero para bien. Finalmente, tal y como anunció a través de Facebook, la solidaridad se tradujo en 12. 337 euros, el equivalente a «969 docenas, 3.876 packs, 11.628 pares y 23.256 calcetines».Experiencia online
En pequeñas píldoras informativas, más visuales que textuales, la joven pradoluenguina ha relatado a través de las redes sociales durante sus tres semanas de estancia en Ritsona algunos episodios de su día a día. Según detalló, se destinaron 3.000 euros de la recaudación total a los almuerzos escolares cuya elaboración corre a cargo del restaurante Cafe Rits, impulsado por un cocinero sirio en el campamento con el fin de suministrar alimentos a sus compañeros de viaje forzoso.También mencionaba Sáiz en varias ocasiones las dificultades climatológicas, en forma de agua y nieve, que endurecían más si cabe las condiciones de vida en el Ritsona. Para combatir el acuciante frío invernal, la joven llegó preparada con bolsas de calcetines -de Pradoluengo, por supuesto- para repartir entre los más pequeños.Sin lugar a dudas, su publicación más emotiva -y dramática al mismo tiempo- fue la fotografía de varios dibujos infantiles que resumen la mezcla de sensaciones de todos los refugiados: corazones y lágrimas. Una metáfora del amor y de la tristeza que Sáiz, recién llegada a España, nunca podrá olvidar.