El Correo de Burgos

Un voluntariado centrado en la cooperación farmacéutica en Potosí

La burgalesa Eva Ruiz pasó nueve meses en Bolivia encargada de la farmacia del ‘Hospital de Pobres’ con un proyecto de la UBU

Eva Ruiz  junto a una de las hermanas de la Congregación del Huerto y una niña hospitalizada en Potosí.-ECB

Eva Ruiz junto a una de las hermanas de la Congregación del Huerto y una niña hospitalizada en Potosí.-ECB

Publicado por
V. MARTÍN
Burgos

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Dicen quienes han tenido la oportunidad de hacerlo, que todos deberíamos hacer voluntariado una vez en nuestra vida. Eva Ruiz no es un excepción y lo repite hasta en tres ocasiones en la charla. «A mi me ha cambiado», asegura esta burgalesa licenciada en Farmacia por la Universidad de Salamanca, que entre septiembre de 2015 y junio de 2016 estuvo en la ciudad boliviana de Potosí encargada de la organización de la farmacia destinada a gente sin recursos de la ciudad.En el departamento de Potosí solo hay un hospital para 800.000 personas y la sanidad pública solo cubre hasta los 5 años y a partir de los 65. Para ayudar a toda esa población que no cuenta con los recursos necesarios para pagarse un seguro médico, dos hermanas de la Congregación del Huerto han construyeron una farmacia junto al hospital.«En tercero de carrera hice un voluntariado de un mes en Nazaret, Israel, y fue donde me di cuenta que quería seguir haciendo cosas de voluntariado», comenta Eva, «mi madre conoce a la profesora de la UBU Dolores Fernández encargada de un proyecto con los denominados Nat’s- Niños y Niñas Trabajadores de las minas de Potosí- y hablando surgió el voluntariado, fue cuestión de cinco minutos decir que sí». Una vez finalizada la carrera, Eva hizo las maletas y cogió un vuelo a Bolivia.Allí se encontró con dos religiosas que «con diversas campañas solidarias lograban recaudar dinero con el que comprar todos los medicamentos», comenta. En aquel momento, la farmacia era «un pasillo con las medicinas apiladas ya que estaban a la espera de que se les proporcionara un espacio». Una vez contaron con el lugar, el trabajo de los dos primeros meses se centró en «adecentarlo y prepararlo para colocar los medicamentos».Después Eva se encargó de su organización. «Ordené los medicamentos durante una semana tal y como podrían encontrarse en cualquier farmacia española» y la farmacia «se inauguró a principios de noviembre de 2015». Durante este proceso, «lo más complicado fue llegar a un país nuevo, donde no sabes cómo se trabaja», explica, «además yo llegaba para encargarme del espacio y no me sentía con la autoridad de hacerlo».La vida en Potosí es «complicada». La mayoría de la gente «no tiene dinero para comprar medicinas» y «si estás enfermo y no puedes adquirirlas, te quedas sin tomarlas». Para evitar que esto pase «surgía esta farmacia, las hermanas, una vez se cercioran de que el paciente necesitaba ayuda en este aspecto hablando con los trabajadores sociales, les entregan las medicinas. También a quienes tienen la denominada ‘ficha social’ a quienes ayudan con las medicinas y pruebas como radiografías o análisis de sangre». Eva se encargó durante ese tiempo no solo de dispensar las medicinas sino de «recoger las que finalmente en el hospital no se ponían a los pacientes que las habían adquirido en la farmacia porque hay corrupción». Las medicinas son tan valiosas que «muchos hacen negocio de ellas».Afortunadamente la farmacia «tiene capacidad, en cuanto a medicamentos se trata, para ayudar a quienes lo necesitan». Otro cantar es la capacidad económica y es que «la estancia en hospital o las pruebas son necesidades que hay que cubrir con dinero en metálico y no hay para todos».Experiencia vitalEl voluntariado «fue una experiencia vital impresionante», asegura, «aunque al principio nueve meses parecían mucho tiempo, se me acabaron quedando cortos». Durante su estancia, Eva residió en casa de Ruth, una de las voluntarias de la Casa Nat, quien «me acogió en su casa con los brazos abiertos, sin conocerme de nada».Al margen de la farmacia, Eva tuvo la oportunidad de «pasar tiempo con los niños de la Casa Nat» y «dos veces al mes pasaba los fines de semana en Vilacaya- junto a Potosí- donde un madrileño que conocí a través de las hermanas, que había desarrollado allí una casa de acogida para niños huérfanos».Ahora Eva se prepara para una nueva aventura y es que la burgalesa sueña con trabajar en cooperación farmacéutica. Se va a Guatemala, «esta vez solo por un mes y medio a hacer unas prácticas con Farmacéuticos Sin Fronteras».

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