El Correo de Burgos

TROTABURGOS / MORADILLO DE ROA

El ejemplo de un pueblo unido

El municipio lucha por rehabilitar su patrimonio cultural enológico

VIsta aérea del conjunto etnográfico.-ECB

VIsta aérea del conjunto etnográfico.-ECB

Publicado por
L. V.
Burgos

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En Ribera es el pueblo de moda. Hablamos de Moradillo de Roa, un pequeño municipio situado entre Fuentenebro y Hontangas, que unido afronta el difícil desafío de poner en valor su bello patrimonio cultural enológico para convertirlo en ruta de uso turístico.

Es sin duda su principal atractivo. 18.000 metros cuadrados, con 157 bodegas y 7 lagares, que rezuman historia y que si todo sale bien, garantizarán su futuro. Porque ese el reto, reconstruir para vivir. Por ello se afanan cada día por devolver el esplendor a este legado dañado por el desuso que destaca por ser uno de los pocos conjuntos etnográficos situados alrededor de un cerro regular, coronado por una iglesia y el camposanto. Se conoce como El Cotarro y su esfuerzo les ha valido ya más de un reconocimiento como el que otorgó la Asociación de Ciudades del Vino (Acevin) a la Mejor Iniciativa Turística.

Gracias a la colaboración de la Diputación de Burgos, muy pronto una audioguía relatará su leyenda a través de catorce paradas. Así el visitante podrá conocer la historia de la plaza mayor, observar en 3D el afamado Cotarro y adentrarse en el lagar donde se elaboró el `vino de pueblo´ el año pasado; ese con el que financian el proyecto de rehabilitación de sus bodegas y lagares, ante la falta de más ayudas.

Mención especial merece la Bodega de las Ánimas donde se guardan los 1.000 litros que quedan de este caldo de esperanza, que saldrá a la venta en diciembre de este año. La primera partida, - 5.000 botellas-, se agotó pronto tras venderse en enotecas de Nueva York, Alemania, Dinamarca, Holanda o Suecia.

Vendimia

Por el momento, Moradillo de Roa ultima unas fiestas patronales que han durado tres días. Lo hace con la mirada puesta en el próximo día 9 de septiembre, cuando el pueblo revivirá la fiesta de la Vendimia que acogió el año pasado bajo la dirección de la administración provincial. En esta ocasión, al organizarlo solos, el presupuesto obliga a ajustar el festín pero no faltará el pisado de uva y las visitas guiadas a los lagares y bodegas.

Para los que no puedan esperar, no lo duden: pasear por sus calles es un placer. Y es que, es uno de esos pueblos en los que todo se cuida al milímetro. Y aunque su famoso cotarro acapara el protagonismo, esta localidad de 190 habitantes censados (130 vecinos en invierno) ofrece mucho más.

Regada por los ríos Duero y Riaza puede presumir de un casco histórico empedrado, una torre del siglo XII, -junto a la Iglesia de San Pedro-, o la ermita de la Virgen del Egido, su patrona. En verano uno de los sitios que invitan a disfrutar en familia se encuentra junto al campo de futbol. Un paraíso para los amantes del futbito, frontenis o padel.

Para comer o pasar la noche está el hotel- restaurante Posada de Moradillo con sus menús del día y su especialidad: el rabo de toro. Además hay un bar conocido como Las Escuelas, por asentarse donde estaba el antiguo colegio. La amabilidad de su gente está asegurada.

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