Tendiendo puentes entre el medio rural y la ciudad
La asociación Ábrego nació hace cinco años con el proyecto Artim y no ha hecho más que crecer. Su sede en la capital es un espacio de coworking rural y creará en enero un grupo de consumo que una productores y consumidores.

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Todo comenzó en Artim. El Encuentro Internacional de Agroecología y Tradiciones Rurales se ha ido consolidando hasta reunir el año pasado a 250 personas de toda Europa interesadas en plantear alternativas sostenibles de producción y gestión de recursos en el medio rural. Fue el germen de la Asociación Ábrego que está a punto de dar otro salto más para convertir su sede en el nexo de unión entre la ciudad y los pueblos de la provincia. «Tratamos de dar respuesta al problema de la despoblación generando cambios de modelos productivos en los pueblos estableciendo redes de apoyo y colaboración basados en el desarrollo sostenible», señala la portavoz de Ábrego, Elena Díez.El grupo de trabajo está inmerso en el desarrollo de contenidos del local que tienen en la capital burgalesa y que esperan convertir en «una embajada del mundo rural en la ciudad, una herramienta que nos permitan tender puentes». Esos puentes están vinculados con los servicios profesionales a las localidades del mundo rural que encontrarán en este lugar un espacio de coworking. «Esto no sólo nos permite dotar de espacio a profesionales que trabajan en casa sino fortalecer colaboraciones entre profesionales de diferentes ámbitos», señala Díez. Otro de los puentes será el que confluya en Ábrego a productores agrícolas y ganaderos con los consumidores en la ciudad. Un grupo de consumo de la tierra a la mesa que esperan desarrollar a partir del mes de enero.Otros proyectos en los que están inmersos es Vientos de cambio donde tratan de desarrollar actividades formativas y ferias de productores de pueblo en pueblo. «Tratamos de dar visibilidad a las jornadas para que los eventos que organizamos no sean fruto de un día de actividad sino que se crean redes que permitan, entre todos, formar un proyecto social y en este sentido ya contamos con redes de colaboración que se reparten por todo el país», apunta.El equipo de trabajo está compuesto por seis personas, todos ellos menores de 30 años, con perfiles profesionales muy variados de trabajador social, comunicación, coordinación de animación, ambientales o ingenieros de montes. La agrupación ha abierto la asociación a la colaboración de socios que, en su fase inicial, ya cuenta con 15 integrantes. En cuanto a las instituciones, que focalizan muchas de sus acciones en el desarrollo rural para luchar contra la despoblación, les cuesta salir de la teoría a la práctica. «Es difícil sacar proyectos adelante y, aunque sí tenemos apoyos económicos para actividades puntuales y cuentan con planes de acción específicos creo que las instituciones deberían tener una mayor implicación en el medio rural», señalan. Aunque «siempre hemos tenido apoyo», echan de menos estructuras a largo plazo para sostener el medio rural.Un ejemplo de que las acciones tienen respuesta es el festival Artim. En cuatro años ha logrado congregar a 250 inscritos de toda Europa que participa en diferentes acciones que se desarrollan toda la semana pero en esos días de junio son cerca de mil las personas que participan en las actividades musicales y culturales que se desarrollan en Espinosa de los Monteros. Un ejemplo que quieren seguir en una estructura con vocación de generar futuro por muy pedregoso que sea el camino.