El Carnaval se viene arriba a la hora del vermut
Chirigotas callejeras y grupos particulares bien organizados se comen el programa de fiestas

Tres de los componentes de la muy aplaudida chirigota del Papamoscas, afinados, afilados y enfilados con el público.-
Dicen los que se han dado una vuelta por el mismísimo Cádiz, que el Carnaval es eso. Ir paseando por la calle y encontrar una chirigota a punto de actuar y quedarse a disfrutar, que en la sorpresa está el premio. Y tienen razón porque el ingenio, la gracia y el trabajo de preparación no siempre están en los grandes escenarios. A pie de calle hay poetas y juglares de primera que se ganan el reconocimiento del publico de la forma más cercana e inmediata, con sonrisas a medio metro y apretones de manos al terminar de los cuplés. Ese es el género que trabaja a las mil maravillas la chirigota del Papamoscas, canela fina en las letras ingeniosas, en la conexión con el sieso público burgalés y todas lass demás las artes del carnaval de esquina. Ilegales llaman a esas chirigotas en Cádiz.
Los del Papamoscas no son novatos, evidentemente. Ese disfraz que imita al peculiar personaje de la iconografía burgalesa lleva muchos kilómetros encima y no es difícil encontrar sus vídeos en alguna red social. Posiblemente ya se pueda ver la sesión de ayer a mediodía, tan multitudinaria que las tarascas se buscaron otro camino para no entorpecer sus cánticos en la calle Laín Calvo.
Y como el carnaval vive del vermut, no fueron los únicos que aportaron su arte para más lucimiento de la fiesta. Había que ver a la agrupación -no menos de 40 personas- que dieron vida a los personajes de la película Grease en plena plaza de la Flora, con sus disfraces con gente de todas las edades, tupés de quita y pon y coreografías bien preparadas. Para ponerles un monumento. Casi ni nos acordábamos de las tarascas de no ser porque muerden a traición o de la batucada, que camina lento pero resuena desde lejos. Pero los cabezas de cartel eran los de la Peña Recreativa Castellana y sus treinta años de chirigoteo carnavalesco. Media hora antes de su actuación los micrófonos aguardaban en formación en las escaleras de la Catedral. Nadie esperaba aún en las vallas. Después, sin saber bien cómo, una muchedumbre se congregó para escuchar el ‘canto de las chirigotas’.
Tuvieron suerte los que se hicieron con un papel con la letra de las canciones porque la agrupación le puso pasión pero la dicción y entonación eran claramente mejorables. En los temas salieron los partidos políticos, Cataluña y hasta Castrovido, pero, para gustos los colores, a otros nos gustaron más las cuartetas de los Papamoscas dedicadas a la independencia de Gamonal, que merecen ser interpretadas sobre las tablas del Falla. Como el estribillo de su cuplé: «Me molaba mucho a mi/ el tupé de Donald Trump // pero con este peinado yo // me parezco a Puigdemont//.